oct 292010

En muchas ocasiones, al hablar de fotografía, sale a relucir la marca de la cámara, la óptica utilizada, analizamos la composición, si la utilización de un ISO elevado ha provocado un exceso de ruido. También nos fijamos en la calidad que da el nuevo “NIKANON 1.4”, en la manipulación que se ha hecho con Photoshop: si sólo se han ajustado niveles, contraste o por el contrario se ha dado rienda suelta al Picasso que uno lleva dentro y ha transformado por completo la imagen que captó el sensor. Sometemos la imagen al análisis de compañeros, visitantes de un foro, blog o red social y acabamos pidiendo opinión a la madre para que nos suba un poco el ego pisoteado por el estricto jurado cibernético. Pero al final, lo único, lo que de verdad importa, es el punto de vista.

 

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El último fin de semana de octubre se celebra en Espelette la Fiesta del Pimiento. Los pimientos cuelgan de la fachadas, las cofradías desfilan por la ciudad antes de acudir a misa y se instala un mercadillo gastronómico por las calles. Pese a ser conocido como Pimiento de Espelette, esta variedad se cultiva en varias localidades de Pays Basque, como Ainhoa, Cambo les Bains o Itxassou entre otras. La fiesta llena de color las calles de esta coqueta localidad con sus características casas de entramado.

 

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Al final de la entrada sobre Toulouse hacía una pregunta: ¿De qué sabor os imagináis el helado más extraño? Helado de foie, pimientos del piquillo, roquefort, mostaza, aceite de oliva, cebolla confitada, pesto, ketchup, champagne, caviar y wasabi. Todos ellos están en la carta del maestro heladero Philippe Faur. 

El único secreto es utilizar materiales de primera calidad y poner pasión en lo que se hace. La mayoría de los heladeros hacen sus productos con leche en polvo y agua, pero Philippe compra la leche en una granja a pocos kilómetros de Saint-Girons. Para el helado de foie acudió a un productor del Perigord y a la casa Petrossian para el de caviar. Y sí, también tiene de fresa y chocolate. En este pasado viaje tuve la ocasión de probar el de foie y el de piquillos y en una anterior visita a la región de Ariège, también en Midi-Pyrénés, un menú en el que los helados iban de acompañamiento: el de foie con la carne, el de piquillos con una especie de estofado y el de caviar con pescado. Sencillamente espectaculares.

Pero sin duda, la estrella gastronómica de la región es el pato, un animal que nace, crece, se reproduce y foie. Con la llegada del otoño, localidades como Gimont o Samatan celebran los mercados del foie a la carrera. Algo así como el primer día de rebajas en El Corte Inglés con gente haciendo cola desde muy temprano. Cuando abren las puertas todo el mundo corre en busca del foie perfecto. Éste tiene que ser redondeado, el color será amarillo o blanco dependiendo del tipo de alimentación, no tienen que verse las venas y los dedos no deben quedarse marcados al tocarlo. El precio sobre los 30 euros el kilo. No podía faltar el vino en un viaje por Francia. Los viñedos de Domaine de Pialentou estaban preciosos, el otoño empezaba a llegar a las hojas y, además, era tiempo de vendimia. Al frente de Pialentou está Jean Gervais, el que fuera propietario de Bodegas Palacios en La Rioja desde el año 86 al 98. Gervais fue el primero en introducir el roble francés en España y artífice del Milflores, un interesante Tempranillo. 

 La foto de la vendimia corresponde a unos viñedos en la región de Ariège.

Y si os habéis quedado con hambre aún queda mucho más por comer: la codiciada trufa, los quesos de Xavier, la cena en un barco en el canal, las estrellas Michelin. Pero ahí hay tema para otro viaje.

Más información sobre la gastronomía en Midi-Pyrénées aquí.
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Ni todos los característicos ladrillos rojos de la ciudad, ni siquiera los heréticos albigenses tienen la fuerza y el genio del 1,52 de Toulouse-Lautrec. Nacido en Albi en 1864, los padres del pintor eran nobles además de primos, condes para ser exactos. Pero por muy azul que sea la sangre la consanguinidad no perdona. A muy temprana edad se rompe ambos fémures y la deficiente calcificación de sus huesos hace el resto. Su obsesión por ser pintor le lleva a estudiar a París donde entabla relación con Van Gogh y Degas con sus bailarinas.
Los primeros dibujos de Toulouse-Lautrec, en los que aparecen caballos, tienen la extraña deformidad del que mira desde abajo. 

A mí me resulta simpático este rebelde, este Bukowski con pinceles que decidió buscar la lucidez en un vaso de absenta, esa lucidez que no suele y sólo puede dar el alcohol. Su sentido del humor le llevó a poner peces rojos en las jarras del agua para obligar a la gente a beber vino y siempre se las ingenió para esconder aquel brebaje bautizado como Terremoto, hecho de partes iguales de absenta y coñac. En el interior de su bastón le cabía medio litro. Su obra más conocida es la de los cuadros de las prostitutas de París. Sus universidades fueron el Moulin Ruge, Le Chat Noir o el Folies Bergère. Toulouse-Lautrec las respetó, las pintó en diferentes momentos de su trabajo viéndolas siempre, parafraseando a Sabina, como las más señoras de todas las putas; también intimó con ellas costándole alguna sífilis. 

Tras el episodio de locura que le lleva a matar arañas a tiros es internado en un sanatorio. Allí se dedicó a pintar escenas de circo dicen que para demostrar que no estaba loco aunque bien pudo ser para representar el mundo que le había tocado vivir. Al final de su vida su obra se vuelve tenebrosa, oscura, presagio de una muerte cercana. Tras su muerte, París y Toulouse rechazan que su obra pase a formar parte de sus museos por convicciones morales: un aristócrata que pintaba socializadoras del placer por minutos. Un escándalo. Es en 1921 cuando el Palacio Episcopal de Albi le cede el espacio para albergar su obra y abrir al público el museo que hoy conocemos. Un espacio totalmente recomendable en el que acercarse al grueso de la obra de uno de los genios de la pintura.


Más información sobre Albi y el Tarn aquí.
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EMILIO MORENATTI Y ALFONSO MORAL EN LA 3ª EDICIÓN DE CAJA AZUL

El encuentro tendrá lugar el próximo 20 de noviembre en el Centro Cívico Can Basté dentro de los actos organizados para el 11º Forum fotográfico.
Tras el éxito de las dos anteriores ediciones, Caja Azul se abre de nuevo para debatir sobre las situaciones que vive un fotoperiodista en las zonas de conflicto. En esta ocasión nos acompañarán Emilio Morenatti y Alfonso Moral que pondrán sobre la mesa su amplia experiencia para tratar de dar respuesta a los interrogantes abiertos.

A menudo hay imágenes que transcienden fronteras y, más allá del mensaje que transmiten, acaban poniendo al fotógrafo en el punto de mira. En esta 3ª Edición de Caja Azul nos centramos en el fotoperiodismo desarrollado en zonas de alta tensión. ¿Cómo se gestionan estas situaciones? ¿Dónde ponemos el límite ético? Los fotoperiodistas Emilio Morenatti y Alfonso Moral expondrán su punto de vista antes de dar paso al debate con el público siguiendo la fórmula clásica de las anteriores ediciones de Caja Azul. Trataremos de averiguar hasta dónde llega el grado de compromiso de un fotoperiodista con una causa, si intervienen sus creencias personales y de qué modo influencia o trasladan ese compromiso a su manera de mirar.

La 3ª Edición de Caja Azul se celebrará el próximo sábado 20 de noviembre, de las 17 a las 21 horas, dentro del marco del 11º Forum fotográfico en el Centro Cívico Can Basté. La entrada, previa inscripción en la página web de Caja Azul, es gratuita. El aforo está limitado y se completará por estricto orden de inscripción.

Para más información e inscripciones consultar la página de Caja Azul.
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