Ni todos los característicos ladrillos rojos de la ciudad, ni siquiera los heréticos albigenses tienen la fuerza y el genio del 1,52 de Toulouse-Lautrec. Nacido en Albi en 1864, los padres del pintor eran nobles además de primos, condes para ser exactos. Pero por muy azul que sea la sangre la consanguinidad no perdona. A muy temprana edad se rompe ambos fémures y la deficiente calcificación de sus huesos hace el resto. Su obsesión por ser pintor le lleva a estudiar a París donde entabla relación con Van Gogh y Degas con sus bailarinas.
Los primeros dibujos de Toulouse-Lautrec, en los que aparecen caballos, tienen la extraña deformidad del que mira desde abajo. 

A mí me resulta simpático este rebelde, este Bukowski con pinceles que decidió buscar la lucidez en un vaso de absenta, esa lucidez que no suele y sólo puede dar el alcohol. Su sentido del humor le llevó a poner peces rojos en las jarras del agua para obligar a la gente a beber vino y siempre se las ingenió para esconder aquel brebaje bautizado como Terremoto, hecho de partes iguales de absenta y coñac. En el interior de su bastón le cabía medio litro. Su obra más conocida es la de los cuadros de las prostitutas de París. Sus universidades fueron el Moulin Ruge, Le Chat Noir o el Folies Bergère. Toulouse-Lautrec las respetó, las pintó en diferentes momentos de su trabajo viéndolas siempre, parafraseando a Sabina, como las más señoras de todas las putas; también intimó con ellas costándole alguna sífilis. 

Tras el episodio de locura que le lleva a matar arañas a tiros es internado en un sanatorio. Allí se dedicó a pintar escenas de circo dicen que para demostrar que no estaba loco aunque bien pudo ser para representar el mundo que le había tocado vivir. Al final de su vida su obra se vuelve tenebrosa, oscura, presagio de una muerte cercana. Tras su muerte, París y Toulouse rechazan que su obra pase a formar parte de sus museos por convicciones morales: un aristócrata que pintaba socializadoras del placer por minutos. Un escándalo. Es en 1921 cuando el Palacio Episcopal de Albi le cede el espacio para albergar su obra y abrir al público el museo que hoy conocemos. Un espacio totalmente recomendable en el que acercarse al grueso de la obra de uno de los genios de la pintura.


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6 Comentarios a “EL MUSEO DE TOULOUSE-LAUTREC EN ALBI”

  1. Qué bueno Latrec, y que maravilla todos esos pequeño museos lejos de las capitales, que sorpresas guandan.
    La primera foto me ha parecido como si de repente la señora oriental hubiese salido del lienzo de algún viejo maestro flamenco.

  2. Gracias por compartir esas obras de arte, Maravillosas.

  3. Juanjo, en esa primera foto no se acaba de observar, pero en grande el señor del caballo dirige su mirada al sombrero de la señora oriental.

  4. Wersemei, gracias a ti por pasarte a verlas.

  5. Bien narrado!

    Paseando por tus entradas a uno le sobrevienen ganas de ser tu maleta …

  6. Gracias, Odisseis.
    Precisamente es la maleta la que trato de llenar con todas estas historias.

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