Desde hace algunos años le envío a mi hija Ainhoa postales de los sitios que visito. La primera fue de Fez, hace ya nueve años. Hace poco ha decidido colgarlas todas en su habitación.
¿Por qué le envío postales? Soy un firme defensor del axioma de Emerson, que dice que los buenos libros sustituyen a la mejor universidad y me gusta también ese proverbio que dice que el mundo es como un libro y el que no viaja ha leído sólo la primera página.
Los viajes son mi vida y me encantaría inocular ese virus en mi hija, ya desde pequeña. El enviarle postales es una forma de ponerla en contacto con ese mundo que le espera. Además vemos mis fotos y lee mis artículos. Las postales no las envío sin más; suelen llevar una pregunta relacionada con el destino que he visitado. Es una manera de motivarla, no sólo a averiguar la solución, sino a que le entren ganas de descubrir y viajar. Las preguntas son del tipo ¿cómo se forman las auroras boreales?, ¿qué otro nombre se les da a Ibiza y Formentera?, el nombre de un cuadro de Klimt o de un volcán de Ecuador. Y mientras no me diga lo contrario, le seguiré enviando postales de allá donde viaje. Espero que no me las acabe tirando por la cabeza.
POSTALES DEL MUNDO
CONCLUSIONES DE FITUR

Se acabó Fitur (ya sé que hace unos días, pero no he tenido tiempo). Esa cita imprescindible cada vez más prescindible que nos lleva a Madrid en el mes de enero. Este año ha cambiado la fecha: se ha adelantado. Lo que no ha cambiado es lo que allí sucede en los tres días supuestamente dedicados a profesionales. Ya desde primera hora del miércoles, visitantes con acreditación de expositor y, lo que es peor, de prensa, llegan pidiendo pins, bolis, bolsas, maletas de Skyteam, ¿me das algo? Tiene su punto entrañable hasta que esos señores y señoras, canapeteros profesionales, se abalanzan sobre el aperitivo que tan gentilmente ofrecen algunas oficinas de turismo a la prensa para presentar sus novedades. No se preocupe señora, coma, coma, que esta ronda corre de mi cuenta.
El cartel de la foto, hecha con el móvil, se parece al No hay billetes de las tardes de toros. El de Skyteam es uno de los expositores de más exito. Por lo visto regalan una maleta de cartón, que se va demontando según la llenan de pósters y folletos que, digo yo, deben servir para empapelar la habitación. Dicen las malas lenguas que algunos se estudian esos folletos para contar luego a los amigos que han estado en los Mares del Sur en lugar de la excitante excursión al pueblo con la suegra. Pero no creo que eso suceda.
Y pese a las quejas, pese a la España de pandereta, allí estaré el año que viene. Dando abrazos a los compañeros que veo de año en año, cerrando la feria en Tailandia y dejándome la voz en citas con gente de muchos países.
PORTADA LONELY PLANET MAGAZINE
El número 30 de la revista Lonely Planet ha escogido una de mis fotografías de Gambia para su portada. La foto está hecha en la playa de Tanji, a la llegada de los cayucos con la pesca del día. El día estaba nublado, gris y pensaba que tendría que volver al día siguiente de nuevo. Pero de pronto se empezaron a filtrar rayos de sol entre las nubes y continué, entusiasmado con la borrachera de colores que aparecía ante mi.
La fotografía no la hice pensando en una posible portada sino en una apertura de reportaje a doble, con espacio para titular. Es aquí donde se nota cuando una revista trabaja con un buen equipo en la edición gráfica y la dirección de arte que han sabido transformar esa foto horizontal en una estupenda portada.
LA CAJA AZUL
MOMENTOS 2 - VAN GOGH Y GAUGUIN PARA MI SOLO
Una entrada de Frikosal me ha hecho retroceder unos años y recordar otro de aquellos momentos: los que no se pagan con dinero pero deberían.
A finales de mayo del 2002 viajaba a Holanda para realizar un reportaje para la revista Rutas del Mundo sobre el Círculo Dorado, los antiguos pueblos de pescadores alrededor del Ijseelmeer. A sabiendas de mi interés, la antigua directora de Turismo de Holanda, Patricia Grosfeld, medió para que me permitieran el acceso a la exposición Van Gogh-Gauguin. El evento finalizaba el 2 de junio y solicitar un acceso para prensa no debió ser fácil porque toda la promoción se hizo para la inauguración y no para la clausura. Mi sorpresa llega cuando me contactan del museo y me citan como dos horas antes de la hora de apertura. ¡Iba a tener el Museo Van Gogh para mi solo!
Tenía toda la libertad para visitar las salas bajo la atenta mirada de un personal de seguridad que se relajó del todo al ver a un inofensivo fotógrafo que además estaba más pendiente de ver las obras que de hacer fotos. Ni tenía el equipo adecuado ni era mi misión reproducir los cuadros. Así que me dispuse a vivir una experiencia casi orgiástica. Más de un centenar de cuadros, originales del intercambio epistolar entre ambos, dibujos… todo a mi disposición.
La historia es más que conocida. El encuentro de los dos artistas finaliza con uno de los episodios más dramáticos en el mundo del arte. Sobre la oreja que se cortó Van Gogh se han atrevido a especular y teorizar toda clase de “expertos”.
En lo que sí se está de acuerdo es en la admiración mutua que se profesaban y que fueron artistas que renunciaron a todo por su pasión, por su trabajo. Salvando las distancias, como algunos fotógrafos. Las influencias del uno en el otro continuaron más allá de las nueve semanas que pasaron juntos y eso es lo que la exposición trató de demostrar. Los cuadros estaban colocados juntos, por series o temática. Así pude ver tres de las cinco versiones de los girasoles de Van Gogh, nunca juntos desde 1888, cuando todavía vivía el pintor. También las diferentes interpretaciones y ángulos de cuadros que pintaron juntos, como el de Marie Ginoux, la dueña del bar nocturno que frecuentaban. Los dos murieron solos.

Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


