Tras su paso en el mes de mayo por Ficomic y en junio por el Salón BD de Lyon, en octubre se podrá ver de nuevo la exposición “Cinco miradas al cómic belga”.
El próximo 15 de octubre, a las 6 de la tarde, se inaugura en el CIAJ la retrospectiva fotográfica sobre el cómic en Bruselas y Valonia. Uno de los pilares de la promoción de las regiones de Bruselas y Valonia en este 2009 ha sido el mundo del cómic, de amplia presencia en sus calles y vida cotidiana. En Bélgica nacieron personajes como Tintín, Lucky Luke o Los Pitufos. En colaboración con la Oficina de Turismo de Bélgica: Bruselas y Valonia, he tenido el privilegio de comisariar la exposición. Cinco fotógrafos, entre los que me incluyo, hemos intentado dar nuestro particular punto de vista sobre el cómic en esta parte del mundo. Félix Lorenzo se centró en la influencia del cómic en el estilo de vida bruselense, Jordi Oliver dio un aire más antropológico, más social al cómic, Patxi Uriz buscó huellas en la región de Valonia, Ricardo de la Riva propone una interesante colaboración entre los dibujantes belgas Batem, Dany, Olivier Grenson y su fotografía y mi parte del trabajo refleja la presencia de Tintín en Bruselas. La exposición se podrá visitar del 15 al 31 de octubre en el CIAJ de la calle Sant Oleguer, 6-8 en Barcelona. Sería un placer poder saludaros en la inauguración que, como os contaba, tendrá lugar el día 15 a las 6 de la tarde y a la que asistirán los fotógrafos y los dibujantes Dany y olivier Grenson.


Foto: Murales de Tintín en la estación de metro Stokkel © Rafa Pérez

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sep 212009


A menudo hablamos de las sensaciones que nos produce el “acto” fotográfico o de las que provoca en el espectador. Cuando se habla de sensaciones en fotografía generalmente se asocian a las imágenes del World Press, a los reportajes en zonas conflictivas o los realizados en hambrunas, migraciones masivas y un largo etcétera. Pero, ¿cuántas veces nos ha hecho sonreir una fotografía? ¿Puede una imagen alterar nuestro estado de ánimo positivamente? La respuesta es sí. Basta echar un vistazo a la obra de Richard Kalvar, Martin Parr, Elliott Erwitt, parte de la obra de Tino Soriano, la serie de fotos de Doisneau “La mirada de soslayo (tienda de Romi)” y otros muchos que encuentran diversión, además de compromiso, en el ejercicio de su trabajo. A todo el que se acerque a leer este post le propondría un juego. ¿Qué foto te ha arrancado una sonrisa? Quizás una tuya. Os animo a comentarlo para ver si damos con las fotos más divertidas y no me refiero al típico powerpoint que recibimos cada semana. Y por último, un consejo: No hace falta ser fotógrafo para ver el lado divertido de la vida, bastaría con levantar la cabeza cuando caminamos por la calle.

Post Scriptum: Como de humor hablamos, aquí va un link muy interesante para fotógrafos. Navegando por otros blogs me topé con el entrañable Whattheduck.net
Os dejo una de sus viñetas que hace referencia a la fiebre de la triple w.

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Estos días se vuelve a hablar de los Beatles con motivo de la aparición de todos sus discos en edición remasterizada. Coincidiendo con su salida al mercado hoy 9/9/09 han aparecido en prensa noticias relacionadas, en su mayoría de gente que ha querido plasmar la que es probablemente la foto más conocida de la banda de Liverpool. No es otra que la del cruce por el paso de peatones en Abbey Road. Hoy ha sido en la Gran Vía madrileña donde gente caracterizada ha intentado obtener la instantánea más parecida posible a la del disco homónimo. Este hecho me recuerda la importancia de tener referentes, en mi caso fotográficos. Cada día que veo fotografías de gente como Alex Webb, David Alan Harvey, Richard Kalvar, Martin Parr, Costa Manos, Cartier-Bresson (no hay espacio suficiente para todos), como decía cada foto de ellos me enseña algo. Y baso mi trabajo en un continuo aprendizaje. Tengo muy claro que esta escuela, este aprendizaje se extenderá a lo largo de toda mi vida. Igual que el ver trabajos de otros fotógrafos contribuye a educar la vista, hay que tener en cuenta los referentes culturales, tener inquietud por lo que pasa más allá de la puerta de nuestra casa. La fotografía que ilustra el post fue tomada durante una sesión de fotos para la Escolanía de Montserrat. Me habían pedido una foto divertida que rompiera con el aire monacal al que se asocia dicha coral infantil. Haciendo localizaciones en el exterior los niños se pusieron a jugar en el paso de cebra y enseguida vino a mi mente la imagen de la mítica banda. Cada persona que vea esta foto se va a trasladar mentalmente a Abbey Road o físicamente para ser uno de los que exaspera a los conductores que esperan a que el turista de turno se haga la foto.
Y para finalizar unas frases para bien entender el tomar referencias de otros fotógrafos. La primera de Eugeni d´Ors dice: “En arte, lo que no es tradición es plagio”. Por lo tanto está todo inventado. Otra de Hugo Pratt, el creador del Corto Maltés: “Soy un creador, y por lo tanto mi mundo está hecho de imágenes vistas por mí mismo o formadas en mi imaginación después de haber leído o escuchado una narración, un cuento o una sensación”.
Y la última es de Stendhal: “No pretendo decir lo que las cosas son, sino las sensaciones que me han producido el verlas”.
Y de eso va la fotografía. De sensaciones. Y no hay más.

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¿Cuánto vale una foto?-Se preguntan el perro y su amo.
(Gracias a Elliott Erwitt por la inspiración para la foto que ilustra este post)

Vamos a intentar aclararlo para todo fotógrafo que se encuentre ante la tesitura de explorar el apasionante mundo de la fotografía con intenciones profesionales. Para la lectura de este post recomiendo tararear mentalmente la canción “Ain´t no mountain high enough”. Si quieres ser fotógrafo tendrás que ser capaz de hacer dos o más cosas a la vez y, efectivamente, creer que no hay montaña suficientemente alta ni río suficientemente ancho.
Os voy a poner en situación para que entendáis en que consiste un día de trabajo. El despertador suena a las cinco de la mañana. Quiero llegar al lugar a primera hora de luz para trabajar en condiciones óptimas. Tras subir la montaña de la canción, amanece nublado. Otra vez será. Durante el camino de vuelta llueve, tropiezo, resbalo y a mi cámara le da por ir unos metros por delante de mi. Cuando la alcanzo, tras una minuciosa revisión, vuelve la sangre a circular al comprobar que todo funciona. Cada vez que tengo algún percance con el equipo, mi mente se traslada a Toledo, cuando a mi flamante objetivo 35 f2, la joya de la corona, le dio por hacer un puenting de cuarenta metros y se dejó las cuerdas. Tras un largo, largo, largo día de hacer fotos, localizaciones y comer poco y mal, llego al hotel. Hace unos años, la llegada al hotel suponía el momento de tomar una relajante ducha (cuando disponías de ella), leer un rato o dormir. Ahora hay que descargar fotos, hacer una primera revisión y muchas veces empezar a editar el trabajo. Mis amigos hablan de la buena suerte que hemos tenido con la fotografía digital y lo que ha facilitado nuestro trabajo. Menos mal que puedo sustituir el calor de hogar por el de la batería del móvil y hablo con mi hija, que está a miles de kilómetros de distancia, como si estuviera a mi lado (entender esta frase con la ironía con la que he escrito anteriores entradas y seguir tarareando el Ain´t no mountain high enough)
Tras la vuelta a casa llegarán días de ciber encierro, que no es una versión digital de los Sanfermines, sino maratones de edición. Pero todo habrá merecido la pena, al acabar espera el cliente. El que va a dar solución a todos nuestros problemas, el que por fin nos hará ver que ha merecido la pena trabajar durante todos y digo todos los días del año, haciendo fotos, escribiendo, trabajando en nuevas propuestas, editando, cargando pesados equipos valorados en varios miles de euros que convierten al fisio en uno de nuestros buenos amigos, siempre por problemas en la espalda y ahora también en el dedo índice por el efecto del ratón. Ese cliente que encarga sin encargo, pues atrás han quedado los tiempos en los que mis fotógrafos mayores disponían de dinero para producir historias. Pues bien, con un poco de suerte el cliente estará representado por la figura de un editor gráfico. En algunos casos será un redactor-jefe y en los cada vez más frecuentes me atenderá un editor gráfico-redactor jefe-director. En cualquier caso todos expondrán lo mismo. Tras escudarse en que haces lo que te gusta, que todo el día viajando y sonreír de medio lado, se pondrán serios para contar que la crisis en el sector publicitario nos obliga a bajar las tarifas en un tanto por ciento (quedan a niveles anteriores de hace doce años), que los pagos ya no serán a treinta días y que ya sabes que
siempre habrá alguien dispuesto a tirar la pastilla de jabón al suelo.
Con la cabeza gacha, me voy a Casanova Foto con la intención de renovar mi equipo y, como es natural, le expongo la nueva situación. Le digo que el precio de la cámara no era correcto y que sufría un recorte del 30 %, que le pagaría a noventa días pero que podían ser doscientos por culpa de la crisis y que si las condiciones no le parecían razonables me iría a otra tienda donde me darían el equipo gratis, con tal de que su nombre, el de la tienda, apareciera pegado en mi frente mientras trabajaba. Y en Casanova me dicen que sí, que me lleve la cámara.
Pero que no cunda el desánimo. Cualquier día de estos me levantaré y les contaré a los clientes que todo es mentira, que hago esto por obligación, que de verdad es un trabajo y que hacienda somos todos y entonces seguro que se arreglan las cosas.
Mientras, seguir todos haciendo fotos.

Post Scriptum: Estoy intentando hacer una fórmula que me dé como resultado el precio final de una foto, que era de lo que iba el post. Calculando todas las variables posibles, amortización del equipo, horas empleadas y demás, llego a la conclusión de que me da vergüenza el resultado. Además, yo sólo sé hacer fotos.

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