Y como no es romano todo lo que reluce, vamos con la otra Tarragona, la ciudad que albergará los Juegos del Mediterráneo del 2017. Si te asomas al Balcón del Mediterráneo, ese idílico final de paseo con tendencia a promesas que se lleva el viento y que les dio a los tarraconenses la expresión A tocar ferro, te das cuenta de que Tarragona tiene muchas de las virtudes de las ciudades de orilla mediterránea y, a su vez, carece de los vicios que acarrea el sol y playa. La línea del tren, lejos de ser un feo chirlo en el paisaje, separa sus playas del Pantagruel urbanístico, dejando el mar para la gente y evitando esa fea costumbre que tenemos de bañar el ladrillo en el agua.
Igual que los romanos dejaron su huella, la dejarán los comercios tradicionales, esos que se aferran a su local aguantando el empuje del ogro de las franquicias: una copa en El Cau, reserva para las diez en el Pulvinar, las joyas de Blázquez y su entrada modernista, una botella de vino en Licores Jové, el público del Metropol, las floristerías de La Rambla.
Todo ello forma la identidad de una ciudad con las cosas muy claras, de personalidad muy marcada. Y para muestra el Serrallo. El barrio de pescadores, que nutre de pescado a una buena parte de la provincia, tiene ínfulas de pueblo que vive casi ajeno a la metrópoli. Desde el barrio hay un agradable paseo de retorno a la parte alta de la ciudad, entrando por el paseo de Las Palmeras y llegando a La Rambla, una arteria peatonal convertida en escaparate de vanidades.
Cada tarde se dan cita toda clase de personas, que montan su itinerario por la ciudad obligándose a pasar por allí, desde la plaza Imperial Tarraco hasta el balcón que marca los límites de la ciudad frente al mar nuestro. Límites que no fueron suficiente para los romanos, que extendieron sus dominios hasta el Arco de Bará, entrada triunfal a la ciudad imperial. También llegaron hasta la localidad de Altafulla para construir la villa de Els Munts, donde se alojó Adriano durante su estancia en Tarraco. Una segunda residencia de lujo que demuestra lo bien que se vivía, ya entonces, en esta orilla del Mediterráneo.
A partir de esta tarde, y durante todo el fin de semana, estaré fotografiando el festival Tarraco Viva. Podéis seguirlo en vivo a través de mi cuenta de Instagram y de Twitter.
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Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


