El próximo 24 de junio se disputa por las calles de Valencia el Gran Premio de Europa de F1. Tengo disponibles dos entradas para la carrera (abono de 3 días para entrenamientos y carrera) que he decidido sortear entre todos los que pasáis por aquí de vez en cuando. La mecánica será sencilla: durante los próximos días iré publicando algunas entradas sobre la ciudad. Tendrás que contestar a la pregunta que aparece al final de la entrada. Cada entrada sobre Valencia llevará una pregunta y un enlace donde podrás encontrar la respuesta. No será necesario que contestéis a las preguntas de todos los días, pero si lo hacéis tendréis más posibilidades porque cada respuesta acertada supondrá una participación en el sorteo. Tendréis tiempo para dejar vuestras respuestas hasta las 23.59 del martes día 19. El miércoles por la mañana, entre todos los que hayáis dejado un comentario, se sortearán las entradas mediante la página Sortea2.

El premio son dos entradas (abono de 3 días), puestas en casa, para ver la carrera y entrenamientos de F1 del los días 22, 23 y 24 de junio en Valencia (no incluye traslados ni ningún otro concepto).

Me gusta el modernismo. Podríamos hablar largo y tendido sobre si después se ha hecho algo interesante en arte, pero nos salimos del tema. He viajado por toda Europa buscando sus huellas: Art Nouveau en Francia y Bélgica, Jugendstil en Alemania e incluso en la localidad de Ålesund (Noruega), Sezession en Austria, Floreale o Liberty en Italia y Modernismo en Barcelona.

La última vez que visité Valencia, iba con el encargo de fotografiar una serie de localizaciones para una guía sobre la ciudad que acabo de publicar. El listado incluía un buen puñado de edificios modernistas. Fue toda una sorpresa. Conocía los más clásicos, como la estación del Norte, la casa del Punt de Ganxo o los mercados de Colón y Central, pero resulta que Valencia es una de las ciudades con más y mejores exponentes de ese arte. Cierto que es un modernismo un tanto ecléctico y tardío, ya que bebió de diversas tendencias arquitectónicas y se desarrolló en las dos primeras décadas del siglo XX, cuando en otras ciudades europeas ya se había dado paso al Art Decó.

Sus edificios pasan con soltura de la línea más ordenada, con tendencia a lo geométrico, a un exhibicionismo rayano en lo barroco. Ya se sabe, burguesías las había de puertas adentro y, sobre todo, con querencia a ser el centro de las tertulias. La llegada del modernismo coincide con la necesaria ampliación más allá de las murallas de la ciudad y la burguesía empieza a ver la ciudad como un lugar donde emprender nuevos negocios. Algunos de los principales arquitectos de la época fueron Demetrio Ribes, Francisco Mora o José María Manuel Cortina.

La zona entre la calle Colón y la Gran Vía Marqués del Turia, construida al modo del Ensanche barcelonés de Cerdà, alberga la mayor concentración de edificios modernistas. Os dejo una lista de algunos de ellos para que os sirva de guía.

En Gran Vía Marqués del Turia:
- Edificio Francisco Sancho, en el nº1.
- Edificio Ortega, en el nº9.
- Edificio Barona, en el nº 70.
- Edificios Chapa, en los nº 65-71.

En el primer Ensanche:
- Casa Ferrer en la calle Cirilo Amorós, 29.
- Casa de los Dragones, en la calle Jorge Juan, 3.
- Edificio Lucini, en la calle Félix Pizcueta, 23.
- Edificio Cortina, en la Félix Pizcueta, 3.
- Edificio Bernardo Gómez, en la calle Jorge Juan, 19.
- Edificio Peris, en la calle Cirilo Amorós 74.
- Edificio Cortina Pérez, en la calle Sorní 23.
- Edificio Albacar, en la calle Grabador Esteve, 4.
- Edificio Noguera, en la calle Gregorio Mayans, 3.

No es mal plan como alternativa al sota, caballo, rey, ¿verdad? Aquí va la pregunta. Está activada la moderación de comentarios para que, como mínimo, tengáis que buscar la respuesta en el enlace.

¿Quién fue el arquitecto de la Estación del Norte de Valencia? Busca la solución en este enlace.

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Hace unos dias publicaba en el suplemento de Viajes de El Mundo un artículo sobre Barcelona. En cierto modo, ha sido una reconciliación con una ciudad a la que a veces le sobran turistas. He ampliado un poco el artículo publicado y os lo dejo por aquí -en 3 entregas- para que le echéis un vistazo.

La alargada sombra de Gaudí cobija grandes secretos modernistas. Hay una ciudad que se gusta en los libros, otra que mira al Mediterráneo con altivez, con un narcisismo casi sin dudas y una más, armada de sartén y cazuela que ha puesto en marcha una revolución gastronómica abanderada por un grupo de jóvenes cocineros y su filosofía bistronomic.
Hablar de Barcelona en singular es quedarse en la superficie, en esa primera impresión de postal resultona. La Condal es como una de esas casas que tras una brillante capa de pintura esconden otra que también nos gusta. A veces más que la primera. 

Aunque nos pese, hay una Barcelona de vuelos de saldo, de fútbol en miércoles con previa en la cervecería, de sangría y paella sin domingo. Pero cuando te sobra sol, mar y patrimonio es fácil encontrar tu propia ciudad, un espacio en el que encontrarse a gusto. A estas alturas no le voy a quitar a un Gaudí por el que hemos bebido los vientos un ápice de importancia. Pero al modernismo le pasa como al cine; muchas veces le acabas cogiendo cariño al eterno actor secundario. La arquitectura modernista es la huella indeleble del seny i rauxa del que hicieron gala un grupo de empresarios emprendedores, dicotomía del carácter catalán, ángel y demonio presentes en cualquier decisión con visos de posteridad. En la Barcelona de finales del siglo XIX una fachada modernista y el carnet del Circulo Ecuestre daban acceso directo al selecto club de una burguesía que bailaba en el salón de las vanidades. Pasear -con el permiso de Gaudí- por el otro modernismo nos permite vivir un idilio con el más sensual de los estilos arquitectónicos. Poder disfrutar de las curvas de un edificio sin decenas de cámaras alrededor, sin escuchar el memorizado discurso del Babel de guías o aceptar la invitación de un portal entreabierto para convertirse en voyeur del arte burgués. Todo ello sin alejarnos del meollo formado por Paseo de Gracia, Gran Vía y Diagonal en sus tramos más céntricos. 

Lucha de hierro en los balcones de Casa Comalat, cuya fachada busca hueco a codazos entre dos austeras fincas; desafío al cielo de la Casa de les Punxes, milagros de piedra en Casa Malagrida, viaje a las entrañas de la ballena en el portal de Casa Sayrach, torreón sin princesa para Casa Rocamora: para cada casa un sueño y mil secretos. 

Visitando el interior del Palau de la Música te das cuenta rápidamente dónde estuvieron los límites de la ornamentación modernista, caminando peligrosamente por el borde de la profusión. Aunque benditos excesos en este caso. De ahí a que, como dijera Josep Pla, hubiera que derribar el edificio por ser una aberración arquitectónica hay todo un mundo.

Podéis hacer click en las imágenes para verlas un poco más grandes.

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