Grandvalira

Cuando tus padres ya creían que eras un caso perdido, que te ibas a a quedar para vestir santos, apareces un día y les presentas a tu pareja. Y por fin llega el gran día, como te vuelve loco deslizarte por las pistas, la velocidad, la adrenalina de un descenso por la pista más complicada, le dices a tu pareja que has preparado un fin de semana en la nieve, que le va a encantar. Tras pasar un par de horas con el monitor, ves en su cara que el estado de ánimo se acerca poco a tu entusiasmo y, de repente, te suelta de golpe: Cariño, no me gusta esquiar. En ese momento se te cae el mundo al suelo. ¿Y ahora qué hago? No te precipites, no rompas todavía la relación.
En Grandvalira tienen un abanico tan amplio de actividades, que será muy complicado que no encuentres una al gusto de tu pareja. Vamos con ellas.

Mushing. El paseo en trineo de perros es una actividad relajada, está pensado incluso para familias. De hecho, los niños a partir de cuatro años de edad pueden conducir su propio trineo.

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Motos de nieve. Al principio darás gas tímidamente, pero tras la vuelta de prueba irás subiendo progresivamente la velocidad hasta sentir que vuelas sobre la nieve. Probablemente no irás a más de 20 o 30 kilómetros por hora, pero en casa contarás que no hubo radar que pudiera contigo.

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Curso de conducción sobre nieve. Disfruta de la emoción de conducir con un Range Rover por un circuito en la nieve. Aprenderás los secretos del frenado sobre hielo para tener más seguridad a la hora de circular en invierno por todo tipo de carreteras.

Durante muchos años, las posibilidades gastronómicas en pistas se reducían a un bocata medio de plástico o a un plato de pasta de sospechoso aspecto. La gastronomía es uno de los aspectos más cuidados en Grandvalira. Me quedo con la fondue y la carne de L’Abarset.

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Si prefieres un alto en pistas, pasa por el Iglú Hotel, pide una docena de ostras con champagne y te sentirás como el amo del chiringuito. La experiencia completa pasa por reservar cena y habitación en el propio hotel. Las bebidas frescas están garantizadas.

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Toma una copa bien preparada, con el tiempo necesario para que el hecho de servirla se convierta en una liturgia. Ron bueno (sustituye ron por tu bebida preferida), granos de café, rama de canela, rodajas de naranja, limón por el borde… En el Vodka Bar podrás tomar esa copa en un entorno muy agradable, con la chimenea a punto. En el Red Chillout, un DJ pone banda sonora a los cócteles preparados con cariño.

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Y si tu pareja prefiere verlo todo desde la distancia, reserva habitación en el hotel Sport Hermitage, desde donde casi se sale esquiando por la ventana. Podrás dejar tu equipo en el locker del hotel, junto al huevo que te sube a pistas. El desayuno es espectacular.

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