El mapa de Praga, el que entregan al turista que llega a alguno de los puntos de información, muestra la ciudad dividida en cuatro barrios. En la mayoría de ocasiones, será complicado traspasar esas barreras ficticias que no son más que un trazo verde sobre un papel, unas veces por falta de tiempo y otras por desconocimiento de lo que hay al otro lado, donde los barrios no tienen nombre sino número.
El mapa acabará manoseado y arrugado en cualquier bolsillo una vez aprendido lo esencial; que paseando por Staré Město (Ciudad Vieja), Nové Město (Ciudad Nueva), Malá Strana (Ciudad Pequeña) y Hradčany (El barrio del Castillo), llegamos a todos los lugares que nos muestran las postales. A partir de ahí le hacemos poco caso y deambulamos con el instinto como guía. Aunque siempre habrá momentos de ¿Dónde va Vicente? Lo normal será empezar y acabar el día en la plaza de la Ciudad Vieja, plantados ante el reloj astronómico a las horas en punto para ver El paseo de los apóstoles y escuchar al trompetero, un muchacho políglota en busca de propinas. Por cercanía, pasearemos por Josefov antes de arremeter la cuesta del Castillo.
Del antiguo barrio judío no quedan más que los libros que lo cuentan. Bueno, también alguna sinagoga, un reloj que gira al revés y el inquietante cementerio con sus lápidas buscando hueco en posturas inverosímiles. Ahora sí, vamos arriba. Decía Schopenhauer que los beatos de Praga cometerían el mayor de los pecados si pasasen el puente de Carlos sin quitarse, al menos, una vez el sombrero delante de cada estatua. También los ateos, apunto yo.
Una de las estatuas más sobadas es la de San Juan Nepomuceno, precursor de un puenting imperfecto y protector contra las inundaciones. Falló en todo. No hubo cuerda y la crecida del Moldava, de hace casi una década, puso en remojo al patrimonio praguense. La parte más afectada fue la isla de Kampa, aunque allí siguen los famosos candados y el muro dedicado a John Lennon, que recibe una mano de pintura cada poco tiempo.
Tres visitas a Praga, tres muros distintos. En cuanto al amor… ¿Cuántas de esas parejas que se juraron amor eterno atando un candado y tirando la llave al río (con la consiguiente contaminación) siguen hoy juntas? Para el barrio del Castillo haremos bien en reservar tiempo para recorrer todos sus espacios. No nos olvidemos andar un poco más allá para ver la biblioteca del monasterio Strahov.
En la catedral de San Vito hago una anotación mental: regresar mañana a primera hora, ahora ya es tarde y hay demasiadas personas, guías con paraguas y estudiantes americanos. La fachada de la Ciudad Nueva que asoma al Moldava es pura sinfonía, casi perfecta. Lo era hasta la llegada de Gehry, ese fabricante de iconos. Su Casa Danzante, Ginger y Fred para más señas, pone el tapón a la profusión de edificios Art Nouveau. Si bien habíamos visto muestras en la calle Maiselova (Josefov), es a partir del Teatro Nacional donde hablan los edificios antes que su arquitecto. Justo es nombrar alguno: Kotera, Fanta o los sensuales dibujos de Mucha.
La vuelta por la plaza de Wenceslao: unas flores en el lugar donde se inmoló Jan Palach, más modernismo convertido en hoteles y un salto para llegar hasta el Museo del Comunismo. Tiene gracia ver como a su alrededor merodean un Starbucks, un McDonald’s y un casino. ¡Sacrilegio! El ratón que acaba persiguiendo al gato. De vuelta a la plaza de la Ciudad Vieja, es inevitable, un vistazo al Teatro de los Estados, donde Mozart estrenó en persona su Don Giovanni y se rodaron algunas escenas del Amadeus de Milos Forman. Llegados a la plaza se completa el bucle. Praga no me deja marcharme, decía Kafka. Y con razón.
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Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



¡¡¡PARA YA!!!! ¡¡¡¡PARA YA!!!! Mis conocidos no paran de decirme lo bello que es Praga, que si tengo que ir, que porqué no he ido todavía….y ahora vienes tú y te cascas unas crónicas de Praga que me revuelven por dentro. No lo soporto más…..¡YA! Está bien, iré a Praga, y lo antes posible. Y cuando esté allí me acordaré de todos vosotros y espero-confío en no maldeciros uno a uno.
Preciosa ciudad y buen reportaje, por cierto echa un vistazo a muchas preciosas mujeres que habitan esa cudad
JR, Praga es una ciudad bonita con avaricia. Lo único que te puedo decir es que vayas cuanto antes. Prueba con el sorteo del viaje, a ver si ese antes es ya mismo
Yago, muchas gracias.
Tengo que ir a Praga el mes que viene.
Muchas gracias por la ifnormación
Yo quiero ir ya jejeje
Maria, espero entonces que la información te sea útil
Pues prueba suerte con el concurso, Pau
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