En el fondo de una tienda de babuchas cuelga un antiguo póster del Manchester United en el Teatro de los sueños. A nadie (a casi nadie) se le puede escapar que la Djemaa el Fna es un teatro. Un teatro donde flotan los sueños.
Podría utilizar ese tópico tan rancio, tan utilizado por los que hablamos de Marruecos; el de poner en juego los sentidos al visitar la plaza más conocida del país. Pero no lo haré. O sí.
Es temprano, mucho. El vicio que tengo por madrugar, por salir antes de que pongan las calles me lleva a saltar de la cama con la primera llamada a la oración. Ha estado lloviendo toda la noche y desde el callejón donde duermo -no en el callejón, en una pensión- llega el olor de cloaca desbordada, la única que se puede permitir decir basta al hartazgo de turistas. También huele a naranja exprimida, a especias, a hígado y a la menta que llevará el té de mi desayuno. Según transcurra el día se incorporarán los aromas de harira, esa sopa que me apasiona, de los caracoles que tan mal me sientan, del sudor del almuédano y de un hachís fumado por los jóvenes en exceso. Respecto a los sabores, ¿para qué contar los de lo tangible?, lo que nos comeremos. Quedan definidos por los olores que los preceden. Pero flotan otros en el aire que no se ven pero se notan. Sabores tristes, de amargura, de añoranza de los que se fueron y llegaron. También de los que no llegaron. Sabor a timo, a trileros bereberes que venden peonzas fosforitas y escupen muy lejos.
Mirando, que no viendo, aparecen monos encadenados, serpientes desdentadas o con la boca cosida y vendedores de todo. En el café de ínfulas francesas de la época del protectorado un sucio fluorescente exhala sus últimos suspiros mientras el ventilador reparte porquería por todo el local. Un silbido del árbitro y comienza a rodar el balón en el Barça-Madrid. Gritos, discusiones y pasión en un clásico que todos sueñan que acaba con billete en una patera.
En cuanto a los sonidos, ¿a qué suena la Djemaa el Fna? A mí me suena a monedas. Según la cadencia del sonido conoceréis a sus dueños. Hay monedas que suenan en la mano del vendedor de cigarrillos, otras a una cabina en conferencia con Europa y las peores; las que reciben niños analfabetos. Niños que sólo saben leer en los dirhams que les entrega el turista en su buena acción del día.
Queda el tacto. El tacto para el regreso. Pese a todo, gracias a todo, necesito pisar de nuevo esa plaza. Volver a tocarla.
dic 032009

Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



La lluvia en Marrakech es algo particular. Creo que reflejas muy bien las sensaciones y olores que despierta. Tal vez alguna de las más sugerentes fotos que realicé de esta ciudad fue en el palacio de El Badi con aquella luz particular de un atardecer lluvioso. Y aunque mis zapatos, adobados con aquella mezcla de sedimentos disueltos por la lluvia, tardaron varios meses en perder aquel "aroma", aquel momento mágico y la plácida quietud de las cigüeñas de El Badi (y tal vez la escasez de turistas) dieron sentido a mi viaje.
qué fotos más especiales Rafa, geniales, con esa luz y esos brillos. ¿Aún estás por Marruecos?
No he estado nunca en Marruecos, pero leyendo tu post, he podido olerlo y saborearlo. Mil gracias!
Ya veo que estás disfrutando el viaje. ¡Qué bien quedan las fotos con mal tiempo! Y la gente que cree que los fotógrafos queremos sol y cielos azules…
Cistella de llum,
cuando mis zapatos están a punto de perder esos "aromas" es cuando decido volver a Marruecos.
Kris,
todavía me quedan más de dos semanas por aquí.
Maria Rosa,
debes anotar Marruecos en tu agenda viajera. ¡Imprescindible!
Jordi,
si dejaramos la cámara los días de lluvia muchas veces volveríamos sin reportajes. De todos modos, hasta el momento solo ha llovido un día, pero dio mucho de sí.
Rafa, disfrútalo por mi, te voy pedir una cosa. En el próximo Clic que hagas en la cámara, me lo dediques y pienses en mi…me das ganas de volver por Marruecos… Lo único que no he conseguido apreciar en las fotos y el texto es el aire cargado de arenilla del desierto, pero estoy seguro que es porque estaba lloviendo, sino se hubiera palpado en cada imagen.
¡Que te vaya tan bien el resto del viaje y que sigas haciendo tan buenas fotos Rafa!
Dalo por hecho David.
Gracias Paco. Sigo disfrutando cada día.
Hey colega!!!
Salam Alaikum.
Cuando lloras al mirar y ver un lugar es cuando puedes hacer "la" foto de ese lugar y tener éxito. Me consta que en esta plaza se confunden las gotas de lluvia con tus lágrimas. Que un fotógrafo escriba así de un lugar significa que además de fotografiarlo lo ha llorado.
Que vuelvas muchas veces a Djema El Fna.
Inshaallah!!
Alfons.
Alfons,
como se nota que sabes de que va todo.
Un abrazo.
Rafa, coño, cada día escribes y fotografías mejor. Disfruta y un abrazo desde Banyoles
Tino,
Gracias. Algo han tenido que ver los buenos maestros.
Rafa, una vez más sabes transportarnos allí donde posas tus pies y reposa tu mirada. Hemos compartido grandes ,buenos e intensos viajes.
Por eso sé exprimir tus palabras y extraer de ellas todas las sensaciones que dejas encriptadas. Como también saben hacerlo el resto de colegas que escribes más arriba.
Ver Marruecos a través de tus ojos y tus palabras es un privilegio.
Un abrazo,
Félix
Félix,
se nota mucho cuando te encuentras a gusto y cómodo en un viaje. Ya te comentaba que necesitaba este viaje para volver a sentirme fotógrafo, después de la aventura por la Costa Blanca.
Y toca compartir viaje pronto.
Un abrazo.
Rafa! Salam Aleikum, supongo que debes andar cerca de casa, ya tocan los turrones en breve. Yo en cambio, estoy en Túnez, no muy lejos de tu país amado. Aquí el frío está siendo un problema, el viento no deja trabajar y la arena se mete por todos lados…en fin. Un té a la menta a tu salud y los que estamos apasionados por este norte Africano.
Pues sí Kris, por desgracia ya tocando a su fin la aventura marroquí; vuelvo el domingo. Muy contento con las fotos y las experiencias vividas y pensando ya cuando vuelvo.
No conozco Túnez, pero tiene muy buena pinta, cuando para el viento. Añade unos dátiles a ese té a la menta.