¿Por qué heteronimias? No sólo Fernando Pessoa se sirvió de sus heterónimos para dar la cara por una buena parte de su obra. Lisboa es una ciudad que utiliza a menudo esas oposiciones sino gramaticales sí circunstanciales. Cambia de cara por barrios, por horas, varia el gesto según lo lisboeta que sea o se sienta el que la mire.
Había llegado a Lisboa de noche, a esa hora en que la Baixa ya está triste y solitaria, a esa hora en que salen a pasear las sombras. La humedad era alta, casi lluvia. Tras un breve paso por el hostal, el tiempo necesario para dejar el equipaje, me fui a cenar a uno de los restaurantes del meollo turístico, no había otra posibilidad por lo tarde que era. Pido agua. Me sirven una botella de marca CARAMULO. Empezamos bien, pensé. Las Pataniscas de bacalao arreglaron un poco la ofensa. El último repaso a las notas que tenía para documentar el viaje me llevan al Almirante Reis. Son pocas las localidades en Portugal que no han dedicado una calle al póstumo héroe de la Revolución. Al no escuchar las 31 salvas desde el Tajo que debían dar inicio a la Revolución, decidió escuchar un tiro desesperado que le atravesó la cabeza.
Por la mañana temprano me pongo en marcha. La primera impresión no cambia por más que visite la ciudad: Lisboa es ajada, canción de voz rota y letra alegre, sin apenas espacio para el llanto por el terremoto que asoló la ciudad en el año 1755. Con la cuenta del desayuno llega la sorpresa. El café es bueno en casi todas partes y cobran entre 0,50 y 0,60 € por él. En España, esa hiperinflación eufemísticamente conocida como redondeo nos llevó a creer que por un mal brebaje debíamos pagar un mínimo de 1 €.
La ciudad se asoma cada mañana al Tajo con todo el peso de su Historia. Es la Lisboa manuelina, arquitectura de real nombre y sudor plebeyo, de excesos de piedra que servían de marco a unas conciencias empachadas de imperialismo. No nos queda sino conservarlos y disfrutar de cada detalle. Para muestra el mejor de los botones, la complejidad de la estructura del Monasterio de los Jerónimos. Pilares anoréxicos que soportan una bóveda en forma de casco de barco invertido, con una de sus secciones desnuda como detalle casi de egolatría: fijando la vista en esa desnudez resaltan más si cabe las filigranas que la rodean.
Aún a riesgo de caer en algún tópico (intentaré evitarlo) en las próximas entradas no me resisto a hablaros del fado, de la Alfama y del 28.

Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Lisboa es muy especial para mi. Hice un Erasmus hace ya unos años y creo que siempre voy a tener ganas de regresar.
Jordi, siempre hay que encontrar el momento de volver a Lisboa.
La primera vez que pisé Lisboa, me sorprendieron todos los adoquines por poner, esparzidos por las calles…me quedé algunos..
Sus terrazas son sus mejores miradores…Recomiendo una escapada por San Juan..la parte de los pescadores se llena de fogatas en las calles, hay que saltar por encima, y la olor a sardina a la brasa se te mete hasta en los calzoncillos….
Estupenda descripción del San Juan en Lisboa, Xavi. Tomo nota para una futura escapada.
A mi me sorprendieron las risas constantes y las sonrisas amables, era una ciudad feliz y seguro que lo sigue siendo, siempre la hecho de menos…saudade se dice?.
Agustin, si bien es verdad lo que comentas de las risas, en algunas zonas pude ver una ciudad un poco cansada. Lo cuento otro día.
A mi de Lisboa me sorprendieron dos cosa una sus contrastes entre la zona alta y el mar. Pero lo que mas llamo mi atención, es lo rápido que se conduce en ese país y la cantidad de niños pequeños jugando en los parques.
Tassia, Lisboa es una ciudad de contrastes. Muchas veces te das perfecta cuenta cual es la calle que separa un barrio de otro.
Yo hace 5 años que fui a Lisboa y lo que mas me llamò la atenciòn fue la amabilidad de la gente,lo cuidada que estaba la cuidad,lo bien que se come y como bien dices tu,Rafa,el cafè.Lo tomes donde lo tomes,lo hacen muy bueno y a buen precio.Por estos motivos he ido visitando Madeira,Algarve y Oporto.
Guillermo, 5 años son muchos. Tienes que encontrar la oportunidad de regresar a Lisboa. En cuanto a lo de la gente amable, le comentaba a Agustin (un par de comentarios arriba) que encontré de todo. En algunos lugares las caras de la gente reflejan una ciudad un poco cansada.
El fado es una música maravillosa, como Lisboa entera. Hay un restaurante, muy caro por cierto, donde mientras comes deliciosos platos tradicionales un grupo de fadistas ameniza la velada. Fui hace años y entonces cantaba María Da Fe, con una voz más dulce que la miel, y si no recuerdo mal aquel restaurante se llamaba Sr Vinho.
Por cierto, yo soy de la opinión que Lisboa no es para conocerla, sino para pasearla.
Feliz año, Rafa, felicidad siempre.
ercanito, del fado hablaré en unos días. Estuve en Sr.Vinho. Es verdad que es caro, pero sus artistas son de lo mejorcito.
Lisboa no sólo es una ciudad para pasearla, sino también para perderse.
Para que te hagas una idea (me lo dice mi padre que es un fanático de Lisboa que aprovecha su jubilación para aprender portugués y oír fados), María da Fe sería en Flamento lo mismo que Miguel Poveda como poco. Vamos, todo un lujo. Yo volvería hoy mismo si mi maltrecha economía me dejara. Pero me cae cerca y volveré pronto, quiero yo pensar.
A por ese viaje, ercanito.
De verdad que fueron un lujo los fados en Sr.Vinho, también descubrí a Ana Moura. Impresionante.
Me ha encantado leer tu crónica y encontrarme de nuevo en Lisboa. Las fotos geniales, voy a por la segunda parte.
Gracias por pasarte, JR Álvaro.