LA RUINA DE POMPEYA
Hace unos días aparecía en prensa la noticia de que Pompeya volvía a convertirse en un lupanar. El arzobispo del Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya ha dicho que la degeneración no conoce límites. ¿Se referirá a las últimas noticias aparecidas en el entorno de la Iglesia? Por lo visto, la afluencia de turistas ha originado una proliferación de establecimientos que ofertan habitaciones por horas, recuperando así una tradición ya instaurada en la antigua Pompeya.
Parece ser que la erupción del Vesubio, en el año 79 de nuestra era, no fue el único momento caliente en la ciudad que tuvo un verdadero circuito de la perdición. Una ruta donde vendían noches de amor sin amor en casas junto a las tabernas (thermopolia) y pequeños restaurantes (cauponae). Eran casas donde habitaba la felicidad “Habitat hic felicitas” y había pintadas en las paredes con una verdadera declaración de intenciones: “Suma aere tua” (por dinero soy tuya).
Estuve en Pompeya hace un par de años. Por supuesto que visité el lupanar y sus pinturas eróticas, una especie de anticipación romana al cine porno. La entrada al recinto cuesta algo más de los dos ases que cobraban de tarifa las lupas -lobas, de ahí la palabra lupanar- por sus servicios. A parte de las pinturas, ningún rastro de la antigua actividad, pero sí otro atisbo de prostitución: la de los espacios más conocidos de las rutas turísticas de todo el mundo con el turismo de masas. Las autoridades están intentando poner freno buscando alternativas a las hordas de turistas que cada día llegan a las ruinas. Están intentando desviarlos a otros centros arqueológicos como Herculano, para mi más atractivo por el solo hecho de estar poco masificado. Volvemos a entrar en la discusión de si conviene o no limitar las visitas, el acceso a la cultura, con el fin de preservar el patrimonio o para que la gente realmente interesada puede visitar Pompeya con alguna garantía de poder disfrutar de la visita.

Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Creo que todo el mundo tiene derecho a visitar esos lugares, pero no a hacerlo en el modo en que ahora se hace turismo. El problema es la incultura en si misma.
Efectivamente mundorero, derecho todo el del mundo. El problema radica en la gente que mete en un día la visita a Pompeya, Nápoles y media Italia más y acaba por no tener interés por ninguno de los lugares que visita. Eso sí, luego enseñarán orgullosos a su familia las fotos del lugar para decir: yo estuve allí.
Rafa, supongo que ya conoces el trabajo de O. Louis Mazzatenta. Veo que han metido alguna de las "figuras" en urnas de cristal.
De las camas por horas un día tendría que contar alguna anécdota sobre Venezeula.
Jordi, conozco el trabajo de Mazzatenta.
Cuando visité Pompeya las "figuras" estaban todas en urnas, supongo que por miedo a que algún turista se llevara una en la mochila.
Espero ansioso la historia de Venezuela.
me encantaría poder verlo, justamente este mes sale un artículo en sapiens, creo que la compraré.
El problema, o parte del problema, para mi es que mucha de la gente va a los lugares solamente porque "hay que ir", y tal vez a muchos de esos en realidad les da igual el lupanar o un parque temático.
Las fotos como siempre estupendas, aunque sea dándole la vuelta un poco.
Eso es lo que creo frikosal, que estamos convirtiendo el mundo en una especie de parque temático: sólo importa decir que estuve allí.
Resulta que mi mujer ya había comprado la revista, pero he tenido un pequeño disgusto: todas las fotos son de agencia.
Lo peor de todo frikosal es que si el medio compra mucho a la agencia el precio apenas superará los 20 o 30 euros por foto. Y quizá exagero.
Rafa: Me ha encantado que abras tu reportaje con esta excelente imágen. Los japoneses son el paradigma del respeto a la Historia, a lo que les rodea y a quienes les rodea. Encontrarte con ellos en los viajes es una delicia. En su cultura Zen respeto y armonía son la base para saber convivir, algo que, como decís bien, la incultura hace que el turista de consumo no pueda apreciar porque efectivamente sólo les importa decir que estuvieron allí.¡Lástima!.
Sí bloguera, pese al esteorotipo del viajero japonés, suelen ser muy respetuosos y mostrar verdadero interés por lo que visitan.