Viena es Stefan Zweig y viceversa. Unas veces mencionada directamente y otras por intuición, la ciudad austriaca es el fondo de muchos de sus relatos y tiene un lugar destacado en El mundo de ayer, sus memorias. Los barrios estudiantiles, los libreros de viejo como el entrañable Mendel, el primaveral paseo de la prostituta Lise por el parque del Prater, los edificios que desearían tener una habitación donde una desconocida escriba su carta y cafés como el Gluck. Todos forman parte de la literatura del escritor al que le asustó el mundo y no pudo soportarlo. Todos los lugares, sin excepción, siguen en Viena. Buscando ese café Gluck doy una y otra vez con mis huesos en el Café Hawelka. Da igual hacia dónde vaya, de dónde venga, pero cada vez que visito Viena acabo sentado en una de las mesas del Hawelka. Y como siempre (deseo que todavía - Actualización: Ya no será posible, Leopold murió el pasado 29 de diciembre a la edad de 100 años), el señor Leopold sigue sentado en su mesa donde siempre lo encuentro desde hace casi veinte años, aunque me consta que él lleva muchos más allí. Esta vez sólo cambia su semblante, la mirada perdida buscando el lugar donde se encuentra la compañera de su vida. Lamentablemente, Josefine ya no saluda a los clientes uno por uno al llegar la noche y relevar a su marido. Sí saluda Leopold, mesa por mesa, desde hace más de setenta años. Todo el mundo quiere hacerse una foto con Leopold y el ritual, no por mil veces visto deja de ser entrañable. Se le acerca algún muchacho con fotográficas intenciones, el señor Hawelka arrima la bandeja en la que nunca falta un vaso de agua y sonríe. He aprendido a disfrutar de la soledad en este lugar que parece escuela de lobos esteparios. Parte de mis sueños viajeros se han gestado allí, bajo el entramado del techo y su característico tono conferido por el humo de miles de cigarrillos, humo al que sólo allí consigo acostumbrarme (Otra actualización: ya no se puede fumar en el Hawelka). Todo el que quiso ser algún día, el que fue, el que es, ha pasado por el Hawelka. Y lo seguirán haciendo. Uno de los hijos se acerca a Leopold para besarle, con admiración. Mientras el padre ríe, cómplice, pensando quizá que es un pesado, pero en el fondo encantado de que la gente le devuelva una parte del cariño que él lleva dando gratis, como el segundo vaso de agua, toda la vida. Mientras, otro cliente pide un buchteln, ese bollo esponjoso del que el argot ha tomado prestado el nombre para significar algo falso, carente de consistencia.

Tweet

5 Comentarios a “Viena. El Café Hawelka”

  1. No he estado nunca en Viena, pero leyendote dan ganas de ir.

  2. frikosal,

    Viena es una ciudad que he visitado no menos de diez veces. La primera visita, durante un interrail, me decepcionó profundamente. Fue un primer contacto superficial con la Viena Imperial.
    Cada vez que he vuelto a Viena ha aumentado mi fascinación por esa ciudad. Sus cafés, su CULTURA (Klimt, Schiele, Zweig, Hundertwasser… la lista es interminable), su oferta enogastronómica y unos precios muy interesantes. En resumen, mimos para ese punto hedonista que todos tenemos.

  3. Ayer mientras escribía en un café de Sant Cugat, me encontré a un amigo alemán y empezamos a hablar de las cafeterías de antes, de aquellos lugares en que se conversaba y escribía. Mi amigo me puso como ejemplo el café Hawelka de Viena y me habló de su dueño, el señor Leopold. “Siempre está ahí”, dijo. Apunté el nombre del café en mi libreta. Pensé que si en un futuro viajaba a Viena me acercaría a visitarlo. Eso fue ayer. Hoy el señor Leopold ya no está…pero algún día me gustaría entrar en su café, seguirá siendo el café del señor Leopold.

    EL VIAJE DEFINITIVO (Juan Ramón Jiménez)
    Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
    y se quedará mi huerto con su verde árbol,
    y con su pozo blanco.

    Todas las tardes el cielo será azul y plácido;
    y tocarán, como esta tarde están tocando,
    las campanas del campanario.

    Se morirán aquellos que me amaron;
    y el pueblo se hará nuevo cada año;
    y en el rincon de aquel mi huerto florido y encalado,
    mi espiritu errará, nostalgico.

    Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
    verde, sin pozo blanco,
    sin cielo azul y plácido…
    Y se quedarán los pájaros cantando.

  4. magnifico todo lo que haces y decis

  5. ¡Imposible no tener inspiración para escribir en un ciudad con tan gran encanto!
    Rail Europe Conexión

Deja Un Comentario

(necesario)

(necesario)

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

© 2010 RAFA PÉREZ - Todos los derechos reservados Suffusion theme by Sayontan Sinha
Content Protected Using Blog Protector By: PcDrome.