Vuelta arriba, siempre arriba, encontramos la plaza Mayor como crupier que reparte juego. De allí salen calles y callejuelas que van engarzando todos los puntos de interés del casco histórico. Antes, parada en el centro de la plaza para hacer un travelín por su eclecticismo hasta detener la vista en la inacabada Catedral. Estuvieron justo a tiempo de subir a San Julián para darle un nombre, pero el resto de hornacinas aparecen vacías. Poco importa que fuera la primera gótica de Castilla o que su triforio sea una joya única en España. La gente sólo se fija en que sin torre está incompleta. El único pero que se le puede poner a la asimétrica plaza Mayor, es la manga ancha a la hora de aplicar la prohibición de aparcar. La calle Alfonso VIII pone una nota disonante en el monocromático perfil de la ciudad. Desde las alturas, las fachadas de las casas son como fichas de parchís sobre un tablero de ajedrez.
Hablando de juegos de mesa, en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha se expone el puzzle de dinosaurio más completo de la Península Ibérica, el Concavenator Corcovatus, aunque a los niños les guste más todo aquello que pueden toquetear, que es mucho.
Cuando bajamos del casco histórico aparece la otra Cuenca. El resto de la ciudad sufre, por obra y milagro de la expansión demográfica, un crecimiento hecho con más necesidad que orden y aunque no tenga interés patrimonial, sí lo tiene gastronómico. La cocina tradicional de Cuenca, la de empacho fonético, todavía se encuentra en la carta. El morteruelo, el ajoarriero y el alajú, siguen invitando a la siestas de vergüenza. Pero en algunos casos los platos han sido reinterpretados alargando sus rotundos nombres para restarles calorías. Restaurantes como Raff, El Bálsamo de Fierabrás o el Ars Natura -dirigido por Manolo de la Osa, uno de los últimos en llegar a la ciudad que no a la provincias- son habituales de las páginas de crítica gastronómica.
Por otro lado, la Ponderosa tiene fama de ser uno de los templos del tapeo en España. Ángel Millán lleva desde 1973 sirviendo raciones sin romances. Oreja, chuletas de cabrito, trigueros, setas de temporada, sin más salsas que el aceite de oliva virgen extra.
La ciudad ha venido reclamando la atención que merece desde hace tiempo. Primero, a base de esos lemas turísticos de ciudad de interior que tenían un punto reivindicativo, casi de pataleta: Cuenca es única, Teruel existe. Ahora que el Ave la ha dejado a distancia de periferia, tanto de Madrid como de Valencia, hay que atreverse con Cuenca. No lo dejes para mañana.
Más información en Ciudades Patrimonio de la Humanidad en España y en spainheritagecities.











Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Rafa,
La segunda fotografía espectacular.
Un abrazo.
Muchas gracias, JR. Un abrazo.
Vengo a conocerte, acabo de leer por twitter que durante la próxima semana escribirás sobre el #jaentrip. Estaré por aquí para leer qué bellas anécdotas cuentas de mi tierra.
Saludos.
Bienvenida, Lina. Espero estar a la altura para contar todo lo que me transmitió tu tierra en mi reciente visita.
Prometo escaparme a Cuenca en breve, me ha encantado conocerla a través de tus ojos y textos.
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