La zona de la sierra de Irta es un espacio natural que ofrece rutas senderistas de distinta dificultad, desde su máxima elevación (573 metros) hasta la sucesión de calas del litoral. El castillo de Pulpis, la mencionada torre de Badum o la ermita de San Antonio son algunos de los enclaves que se pueden visitar a través de las rutas por el parque.
Igual que Peñíscola ofrece dos caras, también hay que hablar de dos temporadas. En los meses de verano, actividad febril, con un punto de taquicardia, para atender a todos los que se acercan a verla.
Durante la temporada baja, con una Peñíscola bajo mínimos, se hace muy agradable pasear por las empedradas calles, disfrutar de los detalles de la arquitectura tradicional, la que pinta las fachadas de sus casas de blanco y los marcos de las ventanas de celeste a juego con el cielo; subir hasta el Bufador para ver soplar al mar y detenerse a conversar con las pocas personas que viven en el casco antiguo. Una de ellas, el italiano que se quedó para abrir su heladería cerca del museo del Mar. Otro, aunque haya cambiado su residencia a los apartamentos de la parte más nueva, sigue muy vinculado a la Peñíscola histórica. Me refiero al artista Joan Gost, que abre cada día su tienda para vender creaciones en cerámica, principalmente de la simpática figura del Papa Luna.
El ritmo de Peñíscola sólo se altera, de vez en cuando, con el ruido de la claqueta. Han sido varias las ocasiones en que se ha escuchado el “Silencio, se rueda” por sus calles, que han sido escenario de míticas películas de los años 60, como El Cid con Charlton Heston y Sofía Loren. Pero si hablamos de cine, hay que destacar la particular relación, casi idolatría, de la ciudad con Luis García Berlanga, que convirtió a Peñíscola en Calabuch. En 1999, el director volvió a las calles de la localidad para rodar París-Tombuctú y poner de esa forma punto y final a su filmografía. Al caer la tarde, son los pescadores los improvisados protagonistas del escenario peñiscolano.
En el puerto se tejen redes y empiezan a llegar las gaviotas, anuncio de la inminente entrada de los barcos con la captura del día que luego irá a parar a los platos de las mejores mesas, donde no faltarán tampoco los arroces que dan fama a toda la Comunidad Valenciana.

























Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


