En Cuenca es muy fácil diferenciar al censado del que está de visita: por sus pasos los conoceréis. El conquense va subiendo sin detenerse, su ritmo no es alto pero sí constante. El turista da tres pasos y saca el mapa del bolsillo como excusa para detenerse a tomar aire. Da igual lo que busques en el mapa, todo está arriba, en el meollo histórico que le valió el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Únicamente el monasterio de San Pablo, actual Parador, parece querer escapar del complejo entramado de verticales soluciones habitacionales. Pero el puente homónimo se encarga de soldar el monasterio al lugar que le corresponde.
Desde San Pablo vemos la parte de la ciudad que se asoma al Huécar, sobre la hoz, sonoro accidente geográfico que soporta la cara más conocida de Cuenca, la de portada de folleto turístico, la que desciende desde el Castillo hasta las Casas Colgadas cargando con el peso de su pasado. Allí están los rascacielos del siglo XV, de cuatro alturas en la entrada y hasta diez al salir a tender; alguna iglesia y las famosas casas que como cuelgan de un risco, no de un cuello, son colgadas y no colgantes. El interior de las Casas Colgadas alberga el Museo de Arte Abstracto Español, con obras de Saura, Chillida, Zóbel y Torner entre otros.
Un buen puñado de las casas de la ciudad tuvo su pasado de clausura, confesiones y bulas para comer carne los viernes. Dada la crisis de vocaciones espirituales, hubo que llenar esos espacios con algo más tangible y el más incomprendido de la familia del arte, no apto para escépticos ni cobardes, encontró en Cuenca espacio para campar a sus anchas.
En 1998, la Fundación Antonio Pérez se instala en un convento carmelita. A la entrada, una señal de dirección prohibida advierte que fumar perjudica seriamente la pintura. Es el propio Antonio mi excepcional cicerone. Me va contando que siguiendo un río llegó a Cuenca, de su amistad con Manolo Millares y Antonio Saura, su viaje a París y las curiosidades de su colección de objetos encontrados. Hay más espacios que colgaron los hábitos para dar cabida al arte, quizá con la intención de que lo que no alcanzara la lógica lo completara la mística. La iglesia benedictina de San Pablo, anexa al monasterio, guarda algunas obras de Torner.
La otra fachada de Cuenca, la del Júcar, lejos de ser la puerta trasera de la ciudad es el jardín por el que pasean los conquenses. Por la mañana y por la tarde, haga frío o calor, recorren la ribera del río haciendo deporte, con el perro o simplemente paseando sabiendo que se van a encontrar a la mitad del padrón. No son tantos.
Más información en Ciudades Patrimonio de la Humanidad en España y en spainheritagecities.











Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


Hola,
Había oido hablar de Cuenca, que era un lugar muy bonito, que merecía la pena visitarlo….pero todavía no conocía ninguna foto. Las de este post me sacan de toda duda, hay que visitar Cuenca. Enhorabuena por el post.
Un placer
NeyLo2011
Tan cerquita y tan desconocida, le debemos una visita.
Tú lo tienes bien para acercarte, Pau. El tren te deja en un rato en Cuenca
NeyLo 2011, Cuenca, igual que otras ciudades de interior, siempre ha cargado con ese peso a sus espaldas: el de pasar desapercibida. Pero hay que tener en cuenta que es Patrimonio de la Humanidad, nada más y nada menos. Como bien dices, hay que escaparse a Cuenca.
Estupendas fotos de la ciudad de mis amores…Me sorprende el punto de vista de alguna de ellas, me gustan muchísimo todas. Un abrazo a todos y gracias por el post.
Muchas gracias. Ángel. Cuenca tiene muchos puntos de vista, todos ellos muy fotogénicos.