feb 042009

El imperialismo y la época de Sissí son las primeras cosas que nos vienen a la cabeza cuando pensamos en Viena. Pero, recurriendo al tópico, Sissí es ese árbol que no deja ver el bosque. Frente a la ciudad de rancio abolengo hay propuestas que muestran una urbe fresca, con ganas. Para entendernos, se trata de preferir la Viena que finaliza aplaudiendo al compás de la Marcha Radetzky a la que comienza cariacontecida la audición del Concierto de Año Nuevo.

En mi primer viaje a Viena tras visitar sus palacios, un buen puñado de iglesias y la Ópera surgió la pregunta. ¿Y ya está? No podía ser, esa no era la ciudad efervescente y ávida de cultura de finales del XIX y principios del XX. Algo tenían que haber heredado de la filosofía freudiana, del erotismo puesto en escena de Schnitzler o del desvelo de las emociones humanas de la cautivadora prosa de Stefan Zweig. Los trazos de la obra de Klimt, Schiele o Hundertwasser debían aparecer en otros lugares al margen de los museísticos. En mis sucesivas visitas a Viena dediqué mi tiempo a buscar cualquier indicio de aquello. Para empezar, sólo tenía una fecha. No quería saber nada de la Viena anterior al 10 de septiembre de 1898, día en que Sissí fallecía en Ginebra. Sí, es verdad, alguno de los personajes citados desarrolló parte de su obra con anterioridad a esa fecha, pero alcanzaron la cualidad de eximios en la senectud, esa excelencia intelectual que sólo otorga el paso de los años. Menos en el caso de Schiele, la excepción que confirma la regla, pero su prematura muerte no nos privó de altas dosis de genialidad. Mi objetivo era trazar una suerte de ruta cronológica que me fuera acercando a la Viena de hoy, la hedonista, la que marca tendencias en lifestyle y se mueve con soltura entre las ciudades con mayor calidad de vida del mundo. Un recorrido que pretendía a su vez ubicar las idiosincrásicas huellas que legaron aquellos genios.

LA CONSTRUCCIÓN DEL XX

El paso del siglo XIX al XX y la rebeldía de un puñado de jóvenes frente al avance de la industrialización en Inglaterra dio lugar al Jugendstil. Derroche de imaginación que tuvo representación en diversos lugares de Europa bajo los nombres de Modernismo o Art Nouveau. Así fue destacando la sexualidad que emanaba de la pintura de Gustav Klimt, que pintaba señoritas de alta sociedad pero buscaba musas por arrabales y prostíbulos, la arquitectura de Otto Wagner y su evolución del sobrio clasicismo a la arquitectura moderna que imponía la época, donde como cuenta en su libro «nuevas tareas y perspectivas humanas exigían un cambio o reconstitución de formas preexistentes» o las teorías y arquitectura de Josef Hoffmann, fundador del Taller de Viena, del movimiento de la Sezession y precursor del modernismo. En contraposición a los chicos de la Sezession, encontramos el racionalismo de Adolf Loos. Fuera las flores, todo ornamento le resulta superfluo y busca la perfección, la pureza en las líneas exteriores. Cual no sería su rivalidad con el estilo de los Wagner, Klimt y compañía que tituló uno de sus artículos de opinión «Ornamento y delito».
Tras encontrarme con lo mejor de unos y otros exponentes del inicio del siglo XX, toca un salto en el calendario para reconocer la Viena que Stefan Zweig plasmó en sus libros. Unas veces mencionada directamente y otras por intuición, la ciudad austriaca es el fondo de muchos de sus relatos y tiene un lugar destacado en El mundo de ayer, sus memorias. Los barrios estudiantiles, los libreros de viejo como el entrañable Mendel, el primaveral paseo de la prostituta Lise por el parque del Prater, los edificios que desearían tener una habitación donde una desconocida escriba su carta y cafés como el Gluck, todos forman parte de la literatura del escritor al que le asustó el mundo y no pudo soportarlo. Todos los lugares, sin excepción, siguen en Viena. Buscando ese café Gluck doy una y otra vez con mis huesos en el Café Hawelka. Da igual hacia dónde vaya, de dónde venga, pero cada vez que visito Viena acabo sentado en una de las mesas del Hawelka. Y como siempre (deseo que todavía,) el señor Leopold sigue sentado en su mesa, donde siempre lo encuentro desde hace una docena de años, aunque me consta que él lleva allí muchos más. Esta vez sólo cambia su semblante, la mirada perdida hacia el lugar donde se encuentra la compañera de su vida. Lamentablemente, Josefine ya no saluda a los clientes uno por uno al llegar la noche y relevar a su marido. Sí saluda Leopold. El ritual no por mil veces visto deja de ser entrañable. Se le acerca algún muchacho con fotográficas intenciones, el señor Hawelka arrima la bandeja con su perenne vaso de agua y sonríe. He aprendido a disfrutar de la soledad en este lugar que parece escuela de lobos esteparios. Parte de mis sueños viajeros se han gestado allí, bajo el entramado del techo y su característico tono conferido por el humo de miles de cigarrillos, humo al que sólo allí consigo acostumbrarme. Todo el que quiso ser algún día, el que fue, el que es, ha pasado por el Hawelka. Y lo seguirán haciendo. Uno de los hijos se acerca a Leopold para besarle. Le admira. Mientras, el padre ríe, cómplice, pensando quizá que es un pesado, pero en el fondo encantado de que la gente le devuelva una parte del cariño que él lleva dando gratis, como el segundo vaso de agua, toda la vida. Mientras, otro cliente pide un buchteln, ese bollo esponjoso del que el argot ha tomado prestado el nombre para significar algo falso, carente de consistencia.

LA DESTRUCCIÓN DEL XX

En 1949, se cumple por lo tanto el sexagésimo aniversario, se rodó en una Viena de posguerra la que es probablemente la mejor película del cine británico. El tercer hombre, de Carol Reed, deja en el haber del espectador algunas de las imágenes y diálogos más conocidos de la historia del cine. La cítara de Anton Karas todavía resuena en la memoria colectiva y, milagro de las nuevas tecnologías, como señal de llamada en mi móvil. Una ruta recorre los lugares claves de la película. Es posible recorrer la Viena del subsuelo en un corto paseo por las alcantarillas o plantarse ante la noria para recordar aquella mítica frase que Harry Lime le dice a Holly Martins: «En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz. ¿Y que tenemos? El reloj de cuco». Welles se arrepentiría a posteriori de la frase, improvisada durante el rodaje, al conocer el origen alemán del reloj de cuco. La ruta también permite llegar al portal donde se rodó la aparición más famosa de la historia del cine o ir tras los pasos de Alida Valli en el cementerio, donde su paseo final hizo del despecho belleza. A la pregunta sin formular, unos ojos y ese eterno pasar de largo por respuesta. El museo que el coleccionista Gerhard Strassgschwandtner ha dedicado a la película le rinde merecido homenaje. En su interior podemos ver la cítara original, carteles del estreno y un amplio surtido de recuerdos para satisfacer al más fetichista.

LA ECLOSIÓN DEL XXI

De modo inevitable nos plantamos en la Viena actual, que propone mucho y muy bueno. ¿Herencia del febril movimiento cultural mencionado? Quiero pensar que sí. El enlace del Modernismo a la salvaje vanguardia de los años sesenta necesitaba de un eslabón en la época actual que comienza a forjarse en la década final del pasado siglo. Polémicos proyectos, siempre los son cuando se habla de arquitectura moderna, colocan a Viena en la cabeza del monstruo cultural generado en Europa tras la caída del muro. El proyecto de viviendas Fábrica de ataúdes, la deconstrucción de los tanques del gasómetro para convertirlos en centro comercial y apartamentos o el Barrio de los Museos son algunos de los ejemplos que han situado de nuevo a Viena en los manuales de arquitectura de todo el mundo. Y luego está la loable utilización de estos espacios. Sirva de ejemplo el empeño de acercar la cultura a los niños en el Museo Zoom, donde están convencidos de que en la buena base educativa reside la clave para que podamos seguir hablando de Viena y la cultura en el futuro. Y para asociar definitivamente la palabra diseño al nombre de Viena la ciudad cuenta con semanas, foros, museos y palacios dedicados al diseño y a la moda.

PLACER POR VÍA EPICURAL (sic)

Fuera de esa carta de Schnitzel y Tarta Sacher la ciudad propone un apetecible puñado de sugerencias. En el Naschmarkt ya se pueden vender productos más allá de los llegados en carro, condición con la que se abrió el mercado en el siglo XVI. Comida oriental, vinagres que compra Ferran Adriá, restaurantes con música electrónica en vivo y esos puestos de fruta que semejan uno de esos retos del dominó, donde si tocas una sola pieza todas las demás se vendrán abajo. En definitiva, uno de esos lugares donde se sacia antes la vista que el estómago y en el que los Lohas, el acrónimo inglés que define una forma de vida preocupada por la salud, la sostenibilidad y el placer por igual, encuentran su sitio. La diversidad cultural reflejada en los puestos del Naschmarkt no es sino introducción a la que encontramos por el resto de la ciudad y la creatividad se expresa en todos los ámbitos y adopta múltiples formas. De chocolate con Pimiento de Espelette en Schokov, de mueble ornamental en Das möble, de original souvenir en wieWien o de curiosas recetas en la librería Babette´s, especializada en libros de cocina y donde cada día se cocina un menú extraído de los libros que allí se venden. La apuesta que la ciudad ha hecho por los vinos de calidad no tiene marcha atrás. Como en otras regiones vitícolas tuvo que ser el relevo generacional dando paso al enfant terrible el que creyera firmemente en las posibilidades de su vino. El grupo WienWein ha tomado como referencia el Gemischte Satz servido en los Heurigen y que llega a mezclar más de una decena de tipos de uva, para dar un nuevo impulso al panorama vitivinícola de la ciudad. Su trabajo ha servido para colocar al vino, no al consumidor, entre la lista de los productos Slow food. Sirva el vino para maridar todos esos platos que Viena ofrece fuera de carta. Con semejante oferta, ¿quién quiere quedarse con un simple menú?

DATOS PRÁCTICOS

CÓMO LLEGAR

SKYEUROPE tiene vuelos directos desde Barcelona a Viena.
Más información en www.skyeurope.com
IBERIA vuela desde Madrid a Viena.
Más información en www.iberia.com

DÓNDE DORMIR

THE LEVANTE PARLIAMENT – Auerspergstrasse 9 – www.thelevante.com
Hotel de diseño con el blanco como color predominante. Muy cerca del Barrio de los Museos.
RATHAUS WEIN & DESIGN – Lange Gasse 13 – www.hotel-rathaus-wien.at
En este hotel todo gira en torno al vino. Cada una de sus habitaciones está dedicada a un viticultor austriaco.

DÓNDE COMER

WEINGUT & HEURIGEN CHRIST – Amtsstrasse 10-14 (Viena-Jedlersdorf )
www.weingut-christ.at
Heurigen en las afueras de la ciudad gestionado por Rainer Christ, uno de los fundadores del grupo WeinWien, responsables del auge de los vinos vieneses.
BABETTE´S – Schleifmühlgasse 17 – www.babettes.at
Librería especializada en cocina donde cada día se prepara un menú en base a las recetas de alguno de los libros de las estanterías.
DIE HALLE – Museumplatz (Barrio de los Museos) – www.diehalle.at
Creativos, estudiantes y artistas del teatro son algunos de los clientes de este restaurante ubicado junto a la entrada de la Kunsthalle.

DE COMPRAS
La apuesta por la creatividad y el diseño que ha hecho Viena da como resultado un buen número de curiosas tiendas que dejaran satisfecho a los más exigentes. Algunas buenas direcciones:

SCHOKOV – Siebensterngasse 20 – www.schokov.com
Chocolatería en el Barrio de Spittelberg con variedades tan atractivas como la de algas, Pimiento de Espelette, sal marina o patata.
WIEWIEN – Kettenbrückengasse 5 – www.wieWien.at
Por fin una tienda que dota al souvenir de gusto.
LOMOGRAPHY SHOP – Museumplatz (Barrio de los Museos)
www.lomography.com
Tienda para los fanáticos del movimiento Lomo.
GEGENBAUER – Waldgasse 3 (Naschmarkt) – www.gegenbauer.at
Sus vinagres causan furor entre los máximos exponentes de la alta gastronomía, Ferran Adriá incluido.

MÁS INFORMACIÓN

Oficina Nacional Austriaca del Turismo
www.austria.info/es
TEL. 902 999 432
[email protected]

La página web de la Oficina de Turismo de Viena tiene completa información en español sobre la ciudad.
www.vienna.info

Tweet

Deja Un Comentario

(necesario)

(necesario)

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

© 2010 RAFA PÉREZ - Todos los derechos reservados Suffusion theme by Sayontan Sinha