Tras la visita a Garajonay, nos habíamos quedado en la habitación de una casa rural con vistas al Teide, en la vecina isla. Tenía por delante un intenso día de visitas y catas. Con el enólogo Adolfo Gutiérrez tuve oportunidad de conocer los vinos de La Gomera, principalmente de las variedades Forastera Blanca y Listán Negro.
Aunque encontré alguna cosa interesante en los blancos, buenas maneras queriendo asomarse a la copa, menos en los tintos. Aún les queda un largo camino por recorrer. Aunque eso es, precisamente, el reto atractivo para un productor. Largo camino como el que hizo el Telémaco. San Sebastián de la Gomera, capital de la isla, mantiene una estrecha relación con Cristóbal Colón, que hizo su última escala en La Gomera antes de llegar a Guanahani.
Pero como de esa historia ya se ha hablado bastante (si te parece poco le preguntas a Google), nos vamos a quedar con la del velero Telémaco, mucho más cercana en el tiempo y bastante más emotiva.
Hasta finales de agosto de 1950, salir de España como emigrante, además de caro era ilegal. Un grupo de personas, con la vista puesta en Venezuela, decidieron comprar un barco a la desesperada, como solución a la paupérrima situación en la que vivían. El 5 de agosto, el Telémaco cambió su rumbo habitual para llegar a Valle Gran Rey con la intención de llenar sus bodegas de víveres: principalmente de gofio, papas, algo de pescado salado y poca carne de cerdo. Cuando recogieron al patrón en Tenerife, éste vio tan improbable la travesía por el exceso de pasaje del barco, que decidió volver a su casa. Con un nuevo piloto y tras un inicio de navegación esperpéntico, tienen que volver a La Gomera al poco de salir. Había gente echando la primera papilla y encontraron agua contaminada por haber utilizado bidones de combustible para su envasado. Unos cuantos pasajeros aprovecharon para desembarcar ante la llegada casual del Gobernador Civil y nuevos pasajeros atiborraron el barco a cambio de pagar su pasaje con sacos de papas, cebollas o algo de carne en el mejor de los casos. La travesía del Telémaco fue una odisea escrita con racionamiento de agua, víveres en mal estado, fin del combustible del barco y algún que otro trago de coñac para que las penas fueran menos. Eso de si algo va mal, seguro que puede ir peor, cobró todo su sentido en los siguientes días. Tormentas, fin de los víveres, agujeros en el casco para evacuar el agua que entraba. También se quedaron sin agua potable. El rezo del rosario por parte de los pasajeros coincidió con el fin de la tempestad. Un petrolero de Campsa les lanzó un poco de agua y algunos alimentos, pero no se detuvo. Tras un pequeño motín, llegaron a Martinica.
Durante unos días hicieron provisión de víveres y algo de dinero, para embarcar de nuevo rumbo a Venezuela, adonde llegaron el 16 de septiembre. Dado que Venezuela había iniciado relaciones con Franco, la tripulación del barco fue deportada y los pasajeros destinados a la isla de Orchila, hasta que un par de meses después pudieron incorporarse a puestos de trabajo en el país.
Recuerdo haber visto en el Museo de Historia y Antropología de Tenerife cartas que enviaban canarios a sus familiares desde Venezuela. ¿Habría alguna de los pasajeros del Telémaco? En el de antropología de La Gomera no vi nada referente al velero. También es cierto que fue una visita muy rápida y que una frase llamó toda mi atención.
Rezaba que los gomeros, los primitivos gomeros, tenían por costumbre ceder la mujer al huésped y es posible que también practicaran la poligamia. No puedo decir, sin embargo, que realizara trabajo de campo en ese sentido para comprobar si, como otras tradiciones, ésta también se había perdido en el tiempo. Pero me temo que sí.
Vamos con el gofio. Si yo tuviera que escribir en una hipotética “Rafapedia” la definición de gofio, diría lo siguiente:
1. s.m.m. (sustantivo muy masculino) Suerte de argamasa canaria utilizada como sistema de tortura en el siglo XVIII, en el que daban enormes cucharadas a los confinados a galeras.
2. Jaculatoria con la que asustan a los niños en La Gomera: Que viene el gofio.
La propia RAE ya avisa con el final de su primera acepción: Harina gruesa de maíz, trigo o cebada tostados, a veces azucarada. Nótese el énfasis del a veces. He tratado de comer gofio de diferentes maneras. En el escaldón o el potaje de berros todavía se aguanta, pero en el yogur, la leche o solo, no ha habido manera. Riesgo de asfixia. Menos mal que el resto de la gastronomía canaria compensa con creces mi gofiofobia. Y ahí estaba Fabián Mora, el chef más conocido de La Gomera, para enseñarme que sólo de papas podría vivir el hombre.
Estupenda cata de media docena de variedades cultivadas en la isla. El propio Fabián, puso final a mi viaje por La Gomera con una demostración de silbo canario, recientemente declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
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Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


