Camino de Nidaros (Etapa Åstjern-Hoffsvagen). Ayer jueves, teníamos planteada la etapa reina y así lo tuiteamos compulsivamente. Pero muy temprano aparecieron las primeras quejas de los peregrinos sobre la excesiva distancia. Así que la organización decidió cubrir los primeros 15 kilómetros, de un total de 33, haciendo viajes en un bus. Òscar Domínguez y yo intentamos irnos caminando mientras hacían los traslados, pero no fue posible. Así que hemos hecho un poco más de la mitad del trayecto, acumulando 300 metros en subida y 267 en bajada.

La novedad ha sido que hoy han enganchado los caballos a los carros, pero no los previstos. No se han podido enganchar a los carros y carretas que se traen desde España y ya veremos cómo se soluciona eso, pero me temo lo peor (peregrinos tirando de los carros). De momento vamos con unos coquetos carros noruegos. Este hecho ha obligado a hacer desvíos en la ruta natural, así que ha tocado ración doble de asfalto y cambio de las botas por sandalias para que el pie refrigere mejor y evitar ampollas.

La música no podía faltar, así que como se ha instalado definitivamente en el camino, vamos con las presentaciones. Nos acompañan Antonio “Cartucho” y Regino, del dúo La ilusión colectiva. Armados con un saxo y un pequeño tambor, se arrancan a la mínima para levantar el ánimo de los peregrinos. Hoy ha tocado empezar con la de los peces en el río y las señoras vascas de ayer bailaban como si fuera un aurresku. Y cada vez que la banda hace de las suyas, el peregrino de mayor edad (80 años) saca a bailar a todas las noruegas en edad de merecer. Se ha ganado una entrevista que incluiré en el vídeo que estoy preparando. El paisaje vuelve a ser idílico, con granjas de colores salpicadas por el tapiz verde. Casas sin valla, con buzones sin llave a decenas de metros y mobiliario, bicicletas y todo tipo de cosas fuera de sus casas. Y si pasas al día siguiente, las cosas continúan allí. Qué país.

Cuando pasamos por las casas, la gente sale a hacernos fotos y saludar a la comitiva. También la prensa escrita y la televisión, local y nacional, se han hecho eco del espectáculo. El menda ha sido portada en el diario de Hageland. Nos comimos unas lentejas gloriosas. Si insisto en el tema de la comida, es porque detrás hay personas que están haciendo un trabajo impecable, de ese que no se ve y la gente cree tener licencia para criticar. Amparo, Fátima y Ana se encargan de que cada día comamos caliente, cuando un viaje como éste soportaría perfectamente el bocata al mediodía para seguir marcha rápido y el caldito por la noche. Un “maravilloso” de los del primer día para ellas.

En el tramo recorrido por la tarde, ha salido el sol ya sin tapujos, a toda máquina. Incluso ha estado a punto de atreverse el arcoíris. Al llegar nos estaba esperando un cordero dando vueltas sobre unas brasas. A estas horas ya es un recuerdo. Hoy viernes etapa corta, para llegar hasta el embarcadero de Skibladner y navegar hasta Hamar. Seguimos.

Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada.

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Camino de Nidaros (Etapa Granavollen-Åstjern). Esta entrada debería haberla subido ayer, pero el vehículo que llevaba mi ordenador no pudo llegar hasta la zona donde dormíamos. No hubiera sido por falta de wifi: en mitad de un bosque, en una cabaña, una señal perfecta. Asi es Noruega, podrían tomat nota en otros países y no miro a nadie. Así que hoy tengo previsto subir dos entradas para ponerme al día.


Tras el leve desfallecimiento de ayer, en la segunda etapa me he encontrado en plena forma. Aunque las dos o tres paradas que se hacen por etapa, lejos de beneficiar, hacen que pierdas calor y luego cueste arrancar. Han sido 22 kilómetros y los desniveles de este trayecto han alcanzado 743 metros de subida y 483 de bajada.

Los peregrinos están resultando una fuente inagotable de tuits. Al final de este viaje, haré una recopilación de los mejores. Pero si no queréis esperar, repasad mi timeline en Twitter o seguid el hashtag #CaminodeNidaros. El primero de la jornada no tardó en llegar. Paramos en la pequeña iglesia de Tingelstad (cada día hay oficio durante o al final de la etapa) y luego visitamos un pequeño museo con un cartel a la entrada que rezaba: Folkemuseum. El diálogo fue el siguiente:
Señora: ¿Qué quiere decir?
Yo: Podríamos traducirlo como museo etnográfico.
Señora otra vez: Ah, ¿entonces Folke quiere decir museo?
El museo tiene interés en el exterior, con una muestra de las construcciones típicas de la zona. En el interior apenas hay la foto de un tipo, patinador, cargado de medallas como un general. A la hora de comer, tocó pasta con el chorizo y las salchichas que habían sobrado de la noche anterior. Deliciosa, sobre todo tras una docena de kilómetros recorridos. Cada día, tras acabar la comida, los músicos (mañana os los presento) se arrancan con unos pasodobles. Unas señoras vascas estaban bailando cuando se dieron cuenta que sonaba …que viva España. Una quiso dejar de bailar, pero como no la dejó su compañera, gritaba muy alegre: “Que viva Euskal Herria”. Otra de ellas se animó con unos vivas a España y luego decía riéndose mucho que si imaginábamos si la oían en el pueblo. Yo me dije para mí, bajito, si imaginaba si lo escuchaba un blogger.

Macro con la Fuji XS-1

La música no falta ningún día. La mañana había empezado con el Señor, mírame a los ojos y tras la visita a la iglesia, El Tocinito -por lo visto nos acompaña una estrella del cante- se arrancó por soleares. Los noruegos que estaban en la puerta mirabancon los ojos como los chavales al salir por la mañana de la ruta del Bacalao. Les traían un trozo de España, pero seguía nublado. El paisaje en esta etapa ha cambiado radicalmente, hemos entrado en una zona de densos bosques de abetos. En una loma con tres cruces (hay vídeo, pero paciencia) nos contaron un rollo sobre los espíritus malignos, pero algunos peregrinos algo cansados estuvieron a punto de desnucarse de los cabezazos que daban.

En la entrada de presentación me dejaron un comentario diciendo que en la peregrinación iban a estar unos familiares suyos llegados desde Puerto Rico. Ni corto ni perezoso, empecé la búsqueda canturreando a lo Isabel Gemio. Los encontré, hay foto.

Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada.

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Camino de Nidaros (Etapa Jevnaker-Granavollen). Ante todo, quiero decir que las entradas sobre el Camino de Nidaros no pretenden ser una guía del mismo. El principal motivo, es que el camino completo tiene más de 630 kilómetros y nosotros vamos a recorrer la mitad aproximadamente. Es, sin más pretensiones, un anecdotario de lo vivido durante esta peregrinación. Ayer recorrimos la primera etapa, un exigente tramo de 26 kilómetros entre Jevnaker y Granavollen, con un desnivel acumulado de 626 metros de subida y 413 de bajada.

La etapa fue ciertamente dura, pero por una mala planificación por mi parte. Se iniciaba el día con un encuentro con las autoridades y yo supuse que iba a ser etapa corta, de unos 10 kilómetros. Por lo que decidí cargar con todo el equipo fotográfico, trípode incluido, y agua para esa distancia. El último kilómetro se hizo eterno, con los primeros síntomas de deshidratación (algunos calambres, articulaciones flojas), nada que no pudiera arreglar la reposición de líquidos, unos hidratos, reposo y el Espidifen mágico, que cura con mirar el sobre. Contadas mis penurias, vamos con la parte alegre del recorrido. Había pasado la noche en mi tienda de campaña, eso de dormir con mucha gente en un pabellón no va demasiado conmigo, Fue una noche de más humedad que frío, pero las tres horas que dormí fueron pocas pero reparadoras. Unas galletas, café con leche y Blas, el cura de Fuenterroble de Salvatierra -otro día hablamos de este cura, digamos que atípico- que se arrancó lanzando al aire unos “maravillosos” que se contagiaron entre la gente, primero por cachondeo y luego por vicio.

Iniciamos el recorrido en la fábrica de vidrio soplado de Jevnajer y tomando un café, acompañado de un glorioso muffin (madalena) de zanahoria. El otro alto fue en la iglesia de la localidad para asistir a un breve concierto de órgano que sirvió de momento siesta a más de la mitad de los peregrinos. Por cierto, iglesia con uno de esos cementerios en los que no te importaría morirte. La primera parte de la ruta transcurrió junto al fiordo de Rands, para luego ponerse cuesta arriba durante varios kilómetros, pero nos cogió bien alimentados gracias al plato de garbanzos (en una especie de ensalada surrealista) que comimos al mediodía. La ruta alternaba tramos por caminos junto a campos de trigo y cebada, con tramos de asfalto que tanto joden la planta de los pies. Los últimos kilómetros fueron por un tramo serpenteante, entre vistosas casas construidas en madera y pintadas de vivos colores.

Salimos en un rato para recorrer la etapa entre Granavollen y Åstjern, de 22 kilómetros, hoy mucho mejor planteada: poco peso, tan solo una cámara, agua y el chubasquero, que anuncian lluvias.

Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada. Al final del camino haré un análisis completo, tanto de la foto como del vídeo. De momento me está sorprendiendo, una cámara de precio más que asumible con un potente zoom 24-624 y vídeo HD. Aquí van un par de sencillas fotos que demuestran el alcance del zoom.

Fotografía con la Fuji XS-1 con el zoom en posición 24 mm

Fotografía con la Fuji XS-1 con el zoom en posición 624 mm

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Siempre he querido empezar un post como Paco Nadal: Cuando leáis estas líneas estaré volando hacia… El misterio ya lo desvelé a finales de la semana pasada en mi muro de Facebook. Me marcho dos semanas a Noruega para recorrer las principales etapas del Camino de Nidaros, una ruta de peregrinación entre Oslo y Trondheim (Nidaros es el antiguo nombre de esta localidad) siguiendo los pasos de San Olav.

Estuve haciendo una parte de ese camino de peregrinación hace un par de años y por aquí os lo conté. En aquel viaje venían Blas y Bernardo, el párroco y uno de los habitantes de Fuenterroble de Salvatierra, un pequeño pueblo de la provincia de Salamanca. Ambos forman parte de Acasan, una asociación de amigos del Camino de Santiago y de la Vía de la Plata que ha organizado varias expediciones arrieras. En aquella ocasión estuvieron haciendo labores de prospección y este año por fin han podido poner el viaje en marcha.

Así que me voy con ellos, con 200 peregrinos a recorrer algunos de los paisajes más bonitos de Noruega. Porque si algo tiene esta ruta de peregrinación que la diferencia de otras más conocidas, como Roma, Jerusalén o Santiago, es que su principal patrimonio es la naturaleza. Además, según vayamos acercándonos a Trondheim disfrutaremos de días con casi 21 horas de sol. Magia pura. En cuanto al clima, vamos a tener de todo como buen camino de peregrinación que se precie. Sin esfuerzo no hay recompensa. El anterior viaje a Nidaros lo hice en septiembre y encontré un otoño bien avanzado que me dio luces espectaculares, algunas lluvias y las primeras nieves del año. El Camino de Nidaros es estacional y la mejor época para hacerlo es desde bien entrada la primavera hasta finales de septiembre, incluso octubre dependiendo del año.

Vais a poder seguir nuestros pasos por diferentes canales, así que si os apetece caminar con nosotros tomad nota:
En Twitter: A través de mi cuenta @rafaperez_ (importante el guión bajo) y el hashtag #CaminodeNidaros
En Instagram: Subiendo fotos de todo lo vivido a diario. Mi nick es rafaperez (aquí sin guión bajo, vaya lío…)
En el muro y en el perfil de Facebook: rafaperezfotos y elfotografoviajero
Y, por supuesto, a través del blog.

Estoy seguro que van a ser unos días estupendos, donde dejar de lado esa manida crisis que se ha instalado definitivamente en nuestro vocabulario elemental. Unos días en los que trataré de no pensar en el 6% que aumenta el IRPF para los autónomos y en los que me voy a permitir el lujo de decirle a Andrea, cada día cuando me levante, ¡que te jodan!
Las fotos que acompañan esta entrada son del anterior viaje que hice al Camino de Nidaros.

Más información sobre Noruega y el Camino de Nidaros en la página de Visit Norway.

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Nos habíamos quedado, en la anterior entrada, en los antiguos almacenes portuarios de Skagenkaien. Hoy albergan animados bares y restaurantes donde la gente acude en masa a poco que se intuya el sol y mientras dure el skjenketider o tiempo para servir, que es la regla que rige en la ciudad para el consumo de alcohol. Y cuando las terrazas no alcanzan, improvisan pequeñas fiestas a bordo de las embarcaciones atracadas en el puerto. Todo ello sin la presión de la atenta mirada de los serenos, que hace años que no tienen en la torre Valbergtårnet su atalaya desde donde alertar a la población de posibles incendios.

El riesgo de un gran incendio era mayor en Stavanger que en otros lugares del país, ya que la ciudad conserva el mayor número de casas de madera en Noruega. El barrio de Gamle Stavanger (Viejo Stavanger) cuenta en sus calles con 173 casas de madera construidas a finales del siglo XVIII y durante el XIX. Las inmaculadas casas, en su mayoría pequeñas y blancas, reciben ayudas para su conservación y hoy en día se destinan a viviendas, galerías y estudios. Sus bajos ventanales permiten echar fugaces y discretos vistazos a su interior donde se comprueba la sociabilidad de sus habitantes, siempre dispuestos a compartir una copa o un rato de charla con sus vecinos. En el mismo barrio se puede visitar el único museo de Conservas de todo el mundo, donde se puede conocer todo el proceso que se llevaba a cabo en sus afamadas industrias conserveras y comprobar que el aceite utilizado para las sardinas era español.

Otro museo interesante es el que cuenta la historia del petróleo noruego. Allí se puede aprender cómo se forma, saber cosas acerca del proceso de extracción del fondo del mar y de sus utilizaciones en nuestra vida diaria. Fuera del museo se encuentra el Geoparque. Construido con materiales provenientes de las plataformas petrolíferas, el lugar pretende ser un punto de familiarización entre los niños y la principal industria y fuente de riqueza de la ciudad. Los noruegos han tenido en cuenta que el petróleo se acabará algún día y una buena parte de los ingresos de su explotación van dirigidos a un fondo para las generaciones venideras.


Stavanger es también un excelente punto de partida para las excursiones por la región, entre ellas algunas de las más conocidas de Noruega, como la visita al Púlpito. Una combinación de barco y bus llevan hasta Tau y desde allí, tras dos horas caminando, se llega a la base del Preikestolen. Eso si vas por el camino adecuado. Yo perdí el primer barco y tuve que salir una hora más tarde, por lo que tuve que hacer el ascenso casi corriendo para disfrutar de algo más de tiempo en la cumbre. Me habían dicho que la ruta era accesible a los niños, pero lo puse en duda cuando me encontré escalando (literalmente) por enormes rocas en el tramo final. Cuando llegué arriba, vi como iban llegando las familias por un cómodo camino en la parte izquierda de la ruta que yo había hecho. Las vistas que se tienen desde el Preikestolen del fiordo Lyse, 600 metros más abajo, quitan el poco aliento que queda tras la ascensión. Mi consejo: echadle un vistazo al mapa antes de iniciar el ascenso. De aquellas estaban con la construcción de un hotel (me imagino que es éste), muy cerca del inicio de la ruta, que tenía una pinta estupenda, con grandes ventanales en el techo para ver las estrellas.

Más información en la página de Visit Norway

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