La semana que viene salgo para Marruecos donde pasaré las próximas semanas hasta que me recoja el de El almendro para volver a casa. Alex Webb (tuve el privilegio de ser su alumno) me contaba que la primera vez que fue a Cuba sintió algo especial, la necesidad de volver una y otra vez a la isla. A mi me pasa lo mismo con Marruecos. Cada vez que visito el país descubro cosas nuevas y me sigo emocionando con las conocidas; el canto del almuédano, la música gnawa, sus medinas, los artesanos, todos sus olores, los cuentos bereberes, el té a la menta…
Me atrae descubrir que poco o nada ha cambiado el país que conocieran Ali Bey, el Moro vizcaíno, Foucauld y tantos otros.
Tengo la costumbre de documentarme cada vez que hago las maletas. Quiero saber que hay, quién ha estado antes o las leyendas del lugar. En definitiva, obtener datos que enriquezcan el reportaje, la sal y la pimienta e incluso tirar de un hilo que acaba formando una nueva historia. Para este viaje a Marruecos he consultado apuntes, mis propias fotos de anteriores viajes, repasado libros y también he leído alguno nuevo. Alguno de ellos un poco tostón pero con datos interesantes (omitiré título y autor/a), otro fascinante: Viaje a Marruecos de Charles de Foucauld y otro hilarante. De este último comentaré. Se trata de los Recuerdos marroquíes del Moro vizcaíno de José María de Murga. Citaré textualmente un apunte al inicio del libro y una nota sobre Erratas.
El apunte
“El autor renuncia generosamente a la propiedad de su obra y, por lo tanto, no perseguirá con todo el rigor de las leyes al que la reimprima; antes bien, si alguno tiene tal humorada, promete protegerle comprándole unos cuantos ejemplares.”
La nota sobre Erratas
“Este libro las tiene garrafales, pero no me tomo el trabajo de indicarlas, pues tengo mis razones para ello. Primera (y basta y sobra) porque he visto constantemente que nadie las corrige antes de empezar una lectura, sino que lo va haciendo a medida que el sentido o el conocimiento del lenguaje se las dan a conocer. Si esto sucede aun con los libros científicos o con aquellos cuyo contenido es de lo más interesante, ¿podré yo esperar que suceda otra cosa con el mío?
Mis lectores de aquende y allende el Estrecho tomarán en cuenta ésta y otras razones, que me han ahorrado un trabajo inútil y engorroso, y no pensarán en pedir peras a un olmo que no las podría dar.
¡Que la Cruz y la Media Luna los protejan!”
Con una sonrisa y en magnífico estado de ánimo emprendo el viaje. Quiero compartir mi almuerzo en un desvencijado bus camino de Tánger donde buscaré la ciudad canalla que vivieron escritores como Bowles, quiero comer pescado en Essaouira, tomar un té en Meknes mientras los lugareños disfrutan de un partido de la liga española o francesa o perderme en la medina de Fez. Pero sobre todo quiero ir a Marruecos para sentirme fotógrafo. Para que mis fotos vuelvan a moverse y que luego me pueda decir la gente que esa foto está movida.

Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


