jun 292010


Durante unos días he decidido cambiar de aires y de oficina. Tras todos aquellos días en que un volcán fue más famoso que cualquier concursante de programa de gran audiencia, me entraron ganas de viajar a Islandia. Dicho y hecho. La primera dificultad vino al intentar nombrar el volcán para pedir el pasaje. Si difícil es el nombre Eyjafjalla (la terminación Jökull es glaciar y no hay que decirla), la pronunciación es una quimera. Así que me puse en manos de Icelandair, la línea aérea del país, e Islandia Tours como agencia especializada en Islandia. La primera sensación es extraña. El vuelo sale de Barcelona a las 23:25, lógicamente de noche, y llega a Islandia a la 01:40 hora local, lógicamente de día. Tras unos primeros días de dormir realmente poco y no siendo mejores las perspectivas de caer largo rato en brazos de Morfeo, puedo contar que viajar por Islandia es como vivir una especie de sueño. A los oníricos paisajes se une la magia de la naturaleza que con unas simples cenizas (que ya he pisado) puede conseguir transformar por completo un paisaje para convertirlo en escenario de una de esas agoreras películas con final feliz -final que no tiene nada que ver con ningún tipo de masaje- que llenan las salas de cine por todo el mundo. Durante los próximos días espero tener tiempo de ir editando algunas de las fotos en mi oficina portátil e ir contando por aquí algunas curiosidades de la isla.

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