He viajado en diferentes ocasiones por los fiordos noruegos, alguna de ellas recorriendo el litoral a bordo del Hurtigruten. Todas las ocasiones han sido realmente especiales. Recuerdo un trayecto entre Bergen y Ålesund en una primavera radiante. Pero hacer el trayecto en invierno tiene ese componente que te convierte rápidamente en intrépido aventurero. Eso sí, con plaza en camarote exterior y la calefacción funcionando. Lo bien que queda luego contar en la cena familiar que la temperatura hundía al mercurio en el abismo mientras miras de reojo el abrigo de Gore-Tex.

El invierno pasado hice el trayecto entre Tromsø y Kirkenes, en el triángulo formado por las fronteras de Noruega, Finlandia y Rusia. La sensación de estar ante un viaje diferente se acrecentaba ante la posibilidad de ver la aurora boreal desde cubierta. Había embarcado casi de noche y pasé las primeras horas del viaje haciendo continuas visitas a la cubierta. Produce sensaciones extrañas navegar de noche, sin saber por dónde vas ni hacerte una idea exacta del paisaje que tienes delante. Pese a que las luces del norte se insinuaron durante parte de la noche, no fueron lo suficientemente intensas para iluminar tierra firme ni mi corazón. La primera noche a bordo fue plácida, dejando al mar que meciera la cuna.

Si durante la noche el audio lo puso el mar, al amanecer era el frío el que se escuchaba. Es un sonido particular, pero os aseguro que el frío se escucha por esas latitudes. Cada cierto tiempo, aparecía entre la bruma un barco fantasma. No se veía a la tripulación por ninguna parte y he sido incapaz de volverme a quejar por mi trabajo después de imaginar la vida que llevarían esos marineros.

La maniobra para entrar en el puerto de Honningsvåg fue de escuadra y cartabón, una especie de pasos de vals que acabaron con el Expreso del Litoral amarrado al muelle. Desde allí me iba a desplazar a Cabo Norte. En la pequeña localidad de Honningsvåg, todo transcurría con normalidad: los niños se dirigían a la escuela y las carreteras, pese a estar cubiertas por una gruesa capa de nieve, casi hielo, estaban abiertas y los vehículos circulaban por ellas calzados con neumáticos de clavos. En Noruega, hay una fecha establecida por ley para poner (también para quitar) ese tipo de cubiertas. No tardé en darme cuenta por qué los nórdicos ganan todas las pruebas en nieve del mundial de rallies.

Más información sobre Finnmark y Noruega en la página de Visit Norway

Información sobre el Hurtigruten

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