Desde la salida en Tromsø, se habían ido quedando atrás pequeñas localidades que cada una por sí sola hubiera merecido una parada: Hammerfest, Havøysund, Vadsø, Kjøllefjord. Faltaba poco para llegar a Kirkenes, punto final del recorrido en el Hurtigruten.
Una capa de hielo, cada vez menos fina, alfombraba el mar. Kirkenes disimula mal su carácter fronterizo. A escasa distancia de la ciudad, se establece la frontera entre Noruega, Finlandia y Rusia, con la que tuvo sus dimes y diretes durante la Guerra Fría y a la que le debe su liberación en la Segunda Guerra Mundial. La ciudad está situada 400 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico y como durante el invierno hay zonas del país que quedan incomunicadas, la única forma de desplazarse, incluso a distancias de apenas un centenar de kilómetros, es en una especie de bus aéreo de la compañía Widerøe.
Los pequeños aparatos de la compañía, Bombardier Dash-8, superan en poco la treintena de plazas y en la distancia que separa Kirkenes de Alta, 426 kilómetros por carretera, realizan cuatro paradas para recoger o dejar pasajeros, algunos de ellos con las bolsas de la compra hecha en el supermercado. La azafata va repitiendo el ritual en cada una de las paradas: abróchense los cinturones, chalecos salvavidas debajo del asiento, ¿le apetece un caramelo?
Al llegar a Alta tenía la opción de dormir en un confortable hotel con calefacción o en un hotel de hielo. ¿Adivináis que escogí? Otro día os lo cuento. Ahora nos quedamos con lo vivido aquella noche antes de ir a dormir. Durante el trayecto en el barco, la aurora boreal se había insinuado, pero sin llegar a coger fuerza. En una entrada anterior ya os conté las sensaciones que tuve al bailar con la aurora boreal, pero no me resisto a volver sobre el tema. Hasta que pude verla por primera vez, se habían sucedido las señales que me llevaban a necesitarla: desde aquella lectura de infancia que me llevó a pensar, erróneamente, que El rayo verde era la aurora boreal, hasta la fabulosa película Local Hero. Las temperaturas frías, alrededor de -20ºC; la noche despejada, todo apuntaba a que sería aquella noche. Con los nervios comunes a cualquier tipo de iniciación, de viaje iniciático, la esperaba dando breves carreras para entrar en calor. Y no faltó a la cita. En ocasiones me preguntan cuál es mi país preferido o qué viaje ha sido el mejor. Siempre respondo lo mismo: Los viajes están hechos de sensaciones, de experiencias. Un bagaje que hará que cuando tenga que recapitular pueda hablar de un viaje perfecto. Sin duda, las auroras boreales tendrán un protagonismo destacado en ese viaje.

Más información sobre Finnmark y Noruega en la página de Visit Norway
Información sobre el Hurtigruten











Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


