El suave clima, su cultura y el carácter lombardo hacen del Cantón del Tesino una pieza difícil de encajar en el puzzle de la Confederación Helvética. Su caprichosa geografía convierte en simple paseo la distancia que separa los glaciares de las palmeras. Podríamos hablar, con la moderación que imponen las etiquetas, de la Suiza mediterránea.
Corría el año 1882 cuando la construcción del Túnel de San Gotardo garantizaba la conexión entre la Suiza alemana y el Tesino durante todo el año. Por ende, entre el Mar del Norte y el Mediterráneo. La región ha sido tradicionalmente tierra de paso, hecho aprovechado por los duques milaneses para levantar la fortaleza de Bellinzona, inexpugnable plaza con doble misión; defensiva, en cuanto que protegía de las invasiones llegadas del norte, y de peaje al comercio que tenía en aquel punto su paso obligado.

Bellinzona, capital del Tesino y puerta de entrada a los Alpes, conserva todavía parte de la grandeza de la época ducal. Prueba de ello son sus tres castillos, en la lista de los bienes Patrimonio de la Humanidad. El más grande y antiguo es el Castello Grande o de Uri, ya mencionado en documentos del siglo VI. En el patio se podía refugiar el pueblo entero en caso de conflicto. Por una escalinata se puede acceder todavía desde el barrio antiguo hasta la muralla defensiva, que une este castillo con el de Montebello, una fortaleza reconstruida en varias ocasiones, aunque la primera construcción data de finales del siglo XIII. Su torre principal y el palazzetto albergan el Museo Histórico y Arqueológico.

El tercero en discordia, el de Sasso Corbaro, domina desde 1479 la parte alta de la ciudad. En el casco antiguo encontramos portales rococó, la burguesa Casa Rossa o el patio de la Casa del Municipio, donde en la escalera que accede a la Sala Noble se encuentra la vidriera con la imagen de Ludovico Sforza “el Moro”, mecenas del genio Leonardo da Vinci cuando éste se traslada a Milán y el ducado abarcaba, además de la Lombardía y el Piamonte, la región del Tesino.

Las soleadas orillas del lago Maggiore dan lugar al clima más suave del país. Una media de 2300 horas de sol anuales tiene la culpa de haber convertido a Locarno en centro vacacional. Asentada sobre el amplio delta del río Maggia, la situación de la ciudad es privilegiada. Además de ser punto de salida de excursiones por los valles vecinos, la ciudad cuenta con una amplia oferta cultural y una intensa vida nocturna. Esta dama de las camelias, de las mimosas y magnolias también, celebra en agosto el Festival Internacional de Cine. Piazza Grande se convierte en improvisada sala de cine donde las estrellas del celuloide presentan sus novedades.

A poca distancia del centro, parte el funicular de Contrada Cappuccini que lleva en pocos minutos a la Iglesia de la Madonna del Sasso, antiguo lugar de peregrinación asentado en un pequeño cerro con el telón de fondo del Lago Maggiore.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 Comentarios a “Suiza. El cantón del Tesino (1 de 3)”

  1. Cuantos secretos esconde Suiza pese a lo pequeña que es.

  2. SIn duda, Pau. Un país con varios idiomas oficiales, paisajes propios de climas cálidos a poca distancia de los glaciares… ¿Y qué decir de sus trenes? Una de las razones que me llevaba a pasar por Suiza en cada Interrail que hacía.

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