Las Navidades pasadas llegaron adelantadas a Cuenca. A la Cenicienta manchega le trajeron una carroza de alta velocidad; varias paradas diarias con el tiempo suficiente para bajar las maletas en la nueva estación Fernando Zóbel, a las puertas de una ciudad que ha pasado el plumero a museos, fachadas y restaurantes para ejercer de perfecta anfitriona.
La telefonista desinformada de la película Todo es mentira se cruza en el camino de Coque Malla cuando ya había decidido marcharse a Cuenca: «Mire en la ce de Cuenca o en la hache de hoteles a ver si encuentra algo». Otros lo tenían muy claro. José Luis Coll decía que Cuenca era un buen lugar para nacer, aunque tuviera que hacer planteamientos casi ontológicos para demostrarle a un imbécil que la ciudad existía. Enarbolaba su bandera a la más mínima ocasión: «Soy conquense, cosa que muy pocos pueden decir, de la ciudad encantada pasada a cuchillo varias veces. Ciudad de más leyendas que historia, donde las brujas conspiraban desde los tejados y los monjes manejaban la espada».
Con semejante historial de leyendas, con cierta querencia por lo esotérico, no es extraño que las acabes oyendo por todas partes. En el bar, en la carnicería o a través de la amable guía turística que se empeña en contarlas. Las dos más conocidas son la de la Cruz de los Descalzos y la del Cristo del Pasadizo. La primera narra las correrías de un mozo que cuando llega el momento de consumar se encuentra con una sorpresa -las pezuñas del diablo- bajo la falda de su amada, y la segunda es una suerte de ménage à trois que acaba de forma trágica para los chicos y con Inés en el convento de las Petras. Guión clásico con final previsible para adaptar los cuentos shakesperianos a los paisajes de La Mancha.
Con la llegada del tren Marshall, en Cuenca se han apresurado a mostrar lo mejor de su ciudad, en sacar a la luz cualquier vestigio de su historia en formato de cómodo recorrido turístico. El último en llegar, a finales del pasado noviembre, ha sido el proyecto Cuenca Oculta. Un viaje por las entrañas de la ciudad a través de refugios antiaéreos, criptas y largos túneles con propensión a las habladurías. Es el caso del que conecta el seminario de San Julián con el convento de Las Blancas. Da igual que el túnel estuviera allí desde mucho antes de la llegada de los religiosos. Las alusiones al sexto y al noveno mandamiento, amén de los escapes de risa floja, están servidos.
Cuenca es una ciudad que está cuesta arriba. Al final acabas bajando, pero sólo te acuerdas de las cuestas, porque si bien Cela dijo que caminándola al viajero le brotan de súbito alas en el alma, hace falta algo más que alas para que cada adoquín pisado no cuente.
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Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Geniales. Será porque me gusta tanto Cuenca. La visité una vez y espero volver pronto. Gracias por las bellas imágenes.
Tenía dos deudas pendientes, una con Teruel y otra con Cuenca, la primera ya esta saldada y al año que viene espero saldar la segunda.
Buenas fotos,bonita ciudad y buenas cuestas.Yo fui hace 6 años en Diciembre.Hacía mucho frío pero bién mereció la pena visitar la ciudad.Tiene mucho encanto y,además,se come muy bién.Saludos Rafa.
Manuel, gracias a ti por pasarte por aquí
Eduardo, seguro que te encanta. Cuenca es una ciudad que invita al paseo, donde las distancias no son nunca demasiado largas. Y además está la gastronomía.
Guillermo, en efecto se come muy bien. El frío es menos con unas buenas raciones de morteruelo
La idea de que tengo yo de Cuenca es muy curiosa, creo que ninguna otra ciudad ha tenido que luchar tanto por su mala imagen dentro de su país. Primero fue “El Crimen de Cuenca”, una historia sórdida de la España Negra. Luego vino Coque Malla con la tontería esa de “Me voy a Cuenca” de Todo es Mentira que tú bien mencionas, imagino que sería un recurso gráfico para mostrar aislamiento a provincias. Menos mal que “Conan, el Barbaro” dio lustre no sólo a Jorge Sanz sino también a la Ciudad Encantada.
Tus crónicas, desprovistas de prejuicios me hacen ver a Cuenca como una ciudad llena de historia en la que conviven las tradiciones castellanas más arraigadas con una modernidad contenida.
Un abrazo.
Precioso lugar sin duda, gracias a tus entradas siento ganas de visitar algún lugar que aún no he disfrutado, o como en este caso de repetir. Saludos.
JR, no has podido explicarlo mejor. Cuenca ha cargado con esos tópicos a su espalda (vaya película Todo es mentira), pero ha sabido sacudírselos y ahora muestra su mejor cara.
Gracias, Juan. A mí nunca me ha importado repetir ciudad, siempre se descubren cosas nuevas. Con Cuenca me ha pasado.
Magnífica la foto de la hora azul, lástima que por Jaén no pilláramos ninguna
Pau, sí es una lástima, pero pillamos otras muchas cosas
Estupendas fotos y a todos los que no han estado todavía en esta ciudad increíble, vengaaaaa….a que esperáis!!!!!!. Abrazos a todos.
Un buen consejo, Ángel. Hay que dar una oportunidad a nuestras ciudades de interior.