Lluvia. Escasa, casi inexistente en verano. Aunque en el 2010 diera un susto a la ciudad con la última crecida del río. Un sofoco para el paseante y sombras cotizando al alza, pero esa escasez de agua dota a la uva del grado necesario para producir los afamados caldos de la cercana D.O. Montilla-Moriles. Los arrumbadores son hoy prestigiosos enólogos y los finos, olorosos, amontillados o Pedro Ximénez no faltarán en bares y tabernas cordobesas servidos con buenas raciones de salmorejo. La gastronomía siempre ha jugado un papel fundamental en el alterne cordobés. Se está haciendo un buen trabajo de recuperación de la cocina de origen sefardí y romano, con platos como la mazamorra o las berenjenas con miel de caña. Judía pero no kosher, como escuché decir a un guía con el gracejo que sólo puede dar el sur: “No ponen al pollo mirando pa’l Carrefú”. En época romana, las ánforas de vino agraz o verjus para macerar y el aceite partían para Italia. Dos milenios más tarde siguen llevándose aceite para allí.

Palacio de Viana. El rumor del agua es la banda sonora que guía la visita a esta gran casa señorial andaluza. Entre aromas de jazmín, flor de azahar y la elegancia de la buganvilla, se van recorriendo la decena de patios y sus espacios expositivos, con una amplia colección de arcabuces reales, muebles, pinturas, cerámicas, tapices, libros de caza y guadamecíes. Íntimos jardines aptos para charlas interiores. Más multitudinarios, pero igual de impresionantes, son los del Alcázar de los Reyes Cristianos. Aunque para todo hay horas. Las primeras y últimas del horario de apertura, permiten pasear por los jardines del Alcázar con algo más de tranquilidad.

Santa Marina de Aguas Santas. Una de las iglesias que forman parte de la ruta fernandina, más allá de los muros califales. Fernando el Católico mandó levantar un puñado de iglesias góticas alrededor de las cuales iban creciendo los barrios. San Francisco, Santiago, San Pablo, San Pedro, San Lorenzo o Santa Marina de Aguas Santas entre ellas. Estamos en el barrio de la Ajerquía, antiguo arrabal de marcada identidad, donde la ciudad huele a pimientos fritos y caña después del tajo.

Zoco. Llego al zoco guiado por el sonido de una guitarra que toca Entre dos aguas. Entre talleres de artesanía, un viejo pozo y las siempre presentes macetas cargadas de geranios, Alfonso Cobos Navarro “Navarrito” rasga las cuerdas y va endureciendo su discurso flamenco tras cada nueva pieza. Me acuerdo de Lorca, que decía que la guitarra hace llorar a los sueños. Entre todas las vidas que escogía Sabina en su canción, una se le olvidó; la de luthier en Córdoba. Los hermanos Peña, en su taller de la plaza del Potro, miman la madera, la acarician hasta convertirla en prodigio. Luego, virtuosos como Merengue de Córdoba, que dirige en el tablao El Cardenal uno de los mejores espectáculos de flamenco que se pueden ver en la ciudad, se encargarán de sacar al instrumento todo su sentimiento. Acompañan a Rafael varios premios nacionales para completar un espectáculo de altura. La despedida de Córdoba, siempre desde el mismo sitio: vuelta al Cristo de los Faroles, subiendo por la coqueta cuesta del Bailío.










Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Una ciudad preciosa! Enhorabuena por los posts!
Cierto, SH Valencia Palace. La vuestra tampoco está nada mal, a ver si me paso a saludar la próxima vez que la visite
Maravillosa Córdoba y todos sus rincones, no me canso nunca de ir allí!! Y de su gastronomía mejor ni hablamos…..Bonitas fotos, como de costumbre!! Un saludo
Fïjate que … 40 paises a mis espaldas y nunca había estado en Córdoba hasta el año pasado (diciembre) y … he repetido hace un mes … me encantó / me encanta!!!
Un saludo!, genial recorrido fotográfico!