San Felipe es la necesaria expansión del Casco Antiguo de Ciudad de Panamá, con espacio tan solo para un puñado de casas. El barrio se articula en torno a dos grandes plazas: Bolívar y la de la Catedral. La de aires libertadores reúne a su alrededor algunos de los principales monumentos de la parte antigua de Panamá, como la iglesia de San Francisco de Asís, muy retocada a principios del siglo XX; el Teatro Nacional, uno de esos recintos de sueños “fitzcarraldianos”; o el palacio Bolívar, compuesto por tres pabellones de arquitectura ecléctica y sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.
En la plaza de la Catedral destaca, obvio, la Catedral Metropolitana. Aunque no es el edificio religioso más destacado. A escasas cuadras de la plaza está la iglesia de San José que guarda en su interior el altar de oro y la leyenda de cómo los frailes engañaron al pirata Morgan. En la propia plaza catedralicia se encuentra el museo del Canal Interoceánico, que cuenta la historia del Canal de Panamá desde aquellos primeros franceses que iniciaron las obras hasta la recuperación del control por parte de las autoridades panameñas.
Los Diablos Rojos, folclóricos buses en vías de extinción, cruzan la ciudad abarrotados de gente, que se asoma por las ventanas buscando el necesario aire que se les niega dentro. Los dueños se gastan hasta 2000 dólares para tunearlos, con adhesivos que apenas dejan espacio para que el conductor pueda ver por donde circula. Pero yo prefiero al taxista que se emociona susurrando canciones de Rocío Durcal. Ruge el locutor: “La 102.5, el lenguaje del amor”.
En honor de los franceses que abrieron el camino a los americanos en la construcción del canal, construyeron la plaza de Francia. En la plaza, también a lo largo del adarve que sale de ella, se colocan cada día las mujeres llegadas desde Kuna Yala para vender su artesanía. Comparten espacio con el Viejo Talentoso, nombre que da al que se lo pregunta el heladero que vende raspaos hechos de mezclar la escarcha que extrae de un enorme bloque de hielo con jugos concentrados. Caminando por el adarve, nos volvemos a topar con el gran contraste entre el Casco Antiguo y la ciudad financiera.











Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Quins recors , fotos magnificas Rafa , a colon per aixó , bastant perillos
Rosa, no vaig tenir la sensació de perill a cap moment. Però està clar que hem d’anar amb compte a l’hora del viatge.
Información Bitacoras.com…
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De lo poquito que me queda por conocer de América Latina. Con tus reportajes me has metido el gusanillo. Tomo nota de todo cuanto cuentas y registras con la cámara.
Un abrazo.
No lo dudes, Antonio. Es una ciudad muy interesante y su casco antiguo tiene un encanto del que es difícil escapar.
Un abrazo.
Ni caso, las fotos son muy bonitas pero mira, yo vivo aquí desde hace tiempo y la basura por las calles, los asesinatos a diario y demás cosas hacen que se pierda todo el encanto que puedas congelar en cuatro imágenes.