Camino de Nidaros (Etapa Hoffsvagen-Hamar). La etapa de ayer estuvo dividida en dos tramos. El primero de ellos hasta un embarcadero para coger el Skibladner, un antiguo barco (del año 1856) restaurado que todavía se mueve por vapor y que nos llevó hasta Hamar. Durante un rato, el Skibladner ha navegado por el lago Mjøsa tan elegante como sus primos del Mississippi. Por limitación en las plazas, a algunos peregrinos los han mandado a galeras y han cruzado el lago en un pequeño barco vikingo a golpe de remo, pero con motor auxiliar en caso de desfallecimiento.
Se aprovechó la expedición arriera para bautizar al Skidblaner como Barco de los Peregrinos y hubo un pequeño acto oficial con la ministra de Cultura presente. Una ministra muy de andar por casa, cercana, sin escolta ni coche oficial. Noruega sigue dando motivos para la envidia. ¿Cómo se debe vivir confiando en tu clase política?

La localidad de Hamar es un punto importante en el Camino de Nidaros por su relevancia como obispado en el siglo XII. Incluso si rascamos un poco en su historia, hay una relación con España mediante uno de esos matrimonios de príncipe busca esposa, aunque la noruega Kristine le durara sólo cuatro años a Felipe de Castilla. Desde el embarcadero de Hamar nos trasladamos a visitar la antigua Catedral, uno de los edificios que forma parte del museo de Hedmark. O mejor dicho las ruinas del antiguo templo que hoy aparecen protegidas por una enorme estructura de cristal de acero. De la excelente acústica pudimos tomar nota gracias al pequeño concierto que prepararon para celebrar nuestra llegada. Tras los vivas y bravos correspondientes, la reunión para comer fue en el centro de peregrinos de Hamar, que también está en el recinto del museo. Es curioso lo que pasa con este tipo de museos que muestran las típicas construcciones de Noruega a lo largo de los siglos y la decoración interior de las casas. Está todo inmaculado, muy ordenado, pero nunca acabas de saber cuándo acaba el museo y empieza el pueblo porque las casas hoy en día siguen conservando ese aspecto bucólico. El tipo de ventanal amplio y bajo incita constantemente a echar vistazos en el interior de las casas, donde la gente muestra sus vidas sin cortinas.
Desde el centro de peregrinos, acabamos con una ascensión de algo más de cinco kilómetros hasta el punto donde íbamos a dormir. En el total de la ruta, hemos acumulado desniveles de 305 metros en subida y 334 en bajada. Esta segunda parte de la ruta fue bordeando el lago Mjøsa, el más grande del país, en su primer tramo para luego ascender entre un bosque de abetos y acabar con una vista global de la ciudad de Hamar y el lago.
Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada.














Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Noruega es de otra galaxia, con la política también
Un país a imitar. O al que emigrar, nosotros no tenemos remedio.