BARCELONA. UNA NUEVA CANCIÓN (2 de 3)
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nov 062010
Barcelona se encuentra cómoda entre libros, se siente querida cuando pasan todas las páginas que le han escrito. Desde el Cervantes que plantó a su Don Quijote en Barcelona para desfacer entuertos y encontrar imprenta hasta el Ruiz Zafón de segundas partes nunca fueron buenas, han sido legión los literatos que han encontrado en la ciudad el fondo perfecto para sus historias. Libros que nos han mostrado La Rambla como un río pero que prefirieron adentrarse en sus afluentes. También nos llevaron a la parte alta y su más alta sociedad, pero como siempre he sentido más simpatía por la notoriedad del perdedor que por la precariedad de los ganadores, nos quedamos en los antiguos arrabales.
La Ciudad Condal, como otras ciudades portuarias, tuvo sus historias de cabarets, asuntos de estraperlo y vendedoras de amor sin amor en barrios como el Raval, reducto de ambiente portuario resultado del darwinismo social, de vidas encalladas en sórdidas circunstancias. En algunas de sus calles todavía se cruzan turistas con princesas del Este, muy lejos de aquellas putas de talento legendario que eran capaces de cobrar la misma media hora a tres clientes diferentes. Como el ayuntamiento con la Hora Azul. También hay carteristas y la señora María que vuelve de la compra. Encuentro cierta naturalidad forzada en la escena, como cuando se mezcla el chocolate con aceite y sal: extraño pero acaba gustando.
Los bares eran lugares sin apenas pasado y con escaso futuro que frecuentaban los inspectores Méndez y Carvalho buscando alguna pista bajo unas luces con bastantes más insectos que vatios. Algunos de esos bares tenían nombres exóticos para que la gente soñara con el viaje que nunca llegaría a hacer. Faquines, estibadores y demás ganapanes deambulaban por calles de fachadas ajadas por la lluvia, el sol y luego un poco más de sol. Calles que disimulaban sus carencias con nostalgia y dosis controladas de melancolía. El eclecticismo actual lleva al barrio del Raval a una convivencia sui generis. El Gato de Botero aparece rodeado por el local social del Atlanta F.C., los bocadillos del bar Madame Jazmine, un puesto de kebab y un gran letrero que nos dice que otro mundo es posible. A unos pasos, el Museo de Arte Contemporáneo (MACBA).
Los libros de Vázquez Montalbán y González Ledesma también entraron en el barrio de La Ribera hoy convertido, junto a su vecino El Born, en uno de esos espacios experimentales para todo tipo de tendencias dispuestas a ponerle un traje de colores a lo negro del género. Ya no queda arrabal que se precie sin pinta de factoría de ideas, lleno de laboratorios de un diseño tan efímero como atrevido. La que ha sufrido pocos cambios ha sido la Plaza Real, una plaza que quiso ser Mayor, importante y novelada. Ahora pide a gritos una oportunidad. La merece. Por la Barceloneta, El Born y la Ciutadella lleva Eduardo Mendoza al Onofre Bouvila de La ciudad de los prodigios y en La Ribera encontramos la iglesia de Santa María del Mar que sirvió de inspiración a una de esas tantas novelas de catedrales. Aunque le hayan cambiado a Carvalho el Sanlúcar por un restaurante de comida rápida, muchos de los lugares vividos, soñados y narrados por la pléyade de verbo ágil siguen en Barcelona, aunque la evolución de la ciudad durante los últimos años haya llevado a Don Quijote a probar suerte con la cocina molecular y al bueno de Sancho a jugar al mus en la playa de la Barceloneta.
Podéis hacer click en las imágenes para verlas un poco más grandes.
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Publicado por Rafa Pérez a las 07:02
Etiquetado en: Barcelona







Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


Una bonica cançó de la que esperem la tercera estrofa (tindrà, com tota bona cançó, tornada?).
Francesc, la tercera estrofa es menja.
Me dan ganas de salir a "hacer la calle". A ver esa tercera parte.
Jordi, en todos los sentidos ha sido una sorpresa pasear por Barcelona. Parece que te tienen que encargar el reportaje de tu casa para que sepas dónde están las habitaciones.
Siempre que voy a Barcelona con la camara, intento perderme por las calles , y cada vez descubro una ciudad nueva, me encanta callejear en barcelona..
Saludos!!
Manel, es muy aconsejable perderse por las calles. Eso sí, siempre con la cámara.