Si decides pasar unos días en Oviedo, hay cosas que no te puedes perder. Vengas como vengas.
1. Lo que no pudieron los moros, gracias a Don Pelayo, lo ha hecho Calatrava. Ha conquistado la capital de Asturias con una de sus moles, quedándole incluso pequeño el hueco que le dejó el estadio Carlos Tartiere. Con calzador consiguió meter su edificio en un espacio que podría haber sido perfectamente verde.

2. Date una vuelta por la librería La Palma, un lugar del que es imposible salir con las manos vacías. La última adquisición ha sido Los cafés históricos, de Antonio Bonet Correa.
3. No des la razón a los que dicen que el que ha ido a Santiago y no al Salvador, ha visitado al criado y no al señor. En el interior de la Catedral hay una escultura para devociones varias. No te olvides de pasar por la Cámara Santa a ver esas supuestas reliquias que en caso de que fueran verdaderas todas las repartidas por el mundo, tendríamos a un ser descomunal. Hasta una docena de Santos Prepucios reclaman su originalidad. Atención también a las tallas de madera policromada en la primera sala del museo.

4. El paseo hasta la plaza de Trascorrales te meterá de lleno en las páginas de La Regenta y en la plaza del Paraguas hay un pequeño pub donde se reunía la intelectualidad de izquierda en tiempos pasados.
5. En el Museo de Bellas Artes hay un apostolado completo de El Greco, sólo por eso ya merece la pena. También algún Picasso y algún Dalí.

6. Apunta los horarios de misa y vete un día a esperar la salida del oficio en la Catedral. El Oviedo más conservador luce sus buenos trapos y permanentes imposibles.

7. Haz unos días de dieta antes de llegar a la ciudad. Los callos de El bodegón de Teatinos son de antología, aunque no superan a los de mi madre. Deja un hueco para pasar por Rialto o Camilo de Blas para comprar unos dulces.

8. Si tras el ágape buscas una sombra, tu destino tiene que ser el Campo de San Francisco. Tras hacerte la foto con la estatua de la minutera, cualquier banco servirá de refugio para una rápida y reparadora cabezadita. Como probablemente no tendrás suficiente, sigue este enlace. Te llevará a Las Caldas, un pequeño pueblo balneario como los de antes. Solera o modernidad, tú escoges el espacio y los tratamientos.

9. Para llevarse un poco de Asturias a casa –hablo, por supuesto, de sidra, chorizos y todo el compango para hacer la fabada- pasa por el Mercado. Entrañable. De ahí, un paso hasta la plaza del Fontán. Una placita que parece maqueta y que sería el espacio perfecto para representaciones clásicas o ciclos de música. Pero hay vecinos.
10. No te olvides del prerrománico, Patrimonio de la Humanidad. En Oviedo puedes visitar Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo y San Julián de los Prados.






















































Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.
