Qatar Airways

Cuando tenemos la oportunidad de realizar un vuelo en clase Business, siempre alabamos el espacio entre asientos, la variedad de movimientos y posiciones que adopta nuestra butaca, el hecho de que ésta se ponga en posición horizontal, la calidad de la oferta gastronómica, la atención por parte del personal, los productos incluidos en el neceser, que van desde la máscara para dormir y los calcetines hasta cremas hidratantes de grandes firma de la cosmética; e incluso, en el caso de Qatar Airways, la suavidad del tejido del pijama que te dan para que descanses de manera más confortable.
Pero poca gente habla de uno de los grandes privilegios de tener un pasaje en clase Business, que es el de poder utilizar la sala VIP de los aeropuertos.

Qatar Airways

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En mi vuelo de regreso de Maldivas, en la escala que hice en Doha, tuve la oportunidad de pasar algunas horas en la sala VIP. No sólo eso, sino que también hice una rápida visita a la sala reservada a los pasajeros de First Class. Por más alto que vueles, siempre habrá alguien más arriba.
Cuando aterricé en Doha, había un coche esperando en la escalerilla del avión para llevarme hasta la entrada de la Premium Terminal, el módulo para pasajeros de clase Business. Nada más llegar, las primeras ventajas: servicio de botones para que se encargue del equipaje, un espacio para compras exclusivo, sin colas en las cajas, y una bebida de bienvenida. Después de unos días en Maldivas, era el final perfecto.

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También han pensado en los pasajeros más jóvenes, con un sala de juegos infantiles para los de menor edad y otra con varias PS3 con los juegos más actuales. Una buena manera de conciliar las ganas de descansar de los padres con las permanentes ganas de divertirse de los niños.

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La sala destinada a los pasajeros de clase Business es muy amplia, con diferentes espacios para satisfacer las necesidades de cualquier pasajero. A todas horas, en todas partes, tienes opción de comer alguna cosa, desde algo para picar en el apartado de delicatesen hasta una opípara cena en el bufé. También hay opciones para los amantes del sushi, de los cócteles o, como es mi caso, de los postres. Imposible quedarse con uno solo.

Qatar Airways

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A todas las ventajas de la sala Business, los pasajeros de First Class añaden un spa con tratamientos, jacuzzi y habitaciones privadas con cama para dormir un rato mientras sale el vuelo.
Cuando vinieron a avisarme para embarcar, una vez lo había hecho el resto del pasaje, no tuve más que ponerme el pijama y dormir plácidamente hasta la hora del desayuno, poco antes de aterrizar en Barcelona.

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Gorilas de montaña en Ruanda

Empecé el 2012 como acabé el 2011: viajando por África. El día 2 de enero llegó uno de los mejores momentos de mi trayectoria viajera, cuando pasé una hora junto a los gorilas de montaña en Ruanda. Y despido el 2012 tras haber regresado de un viaje por el Fin del Mundo, navegando con el Stella Australis por el canal Beagle, el estrecho de Magallanes, hablando con el farero del Cabo de Hornos y pasando unos días en el Parque Nacional Torres del Paine viviendo la experiencia Explora. Han sido, como de costumbre en los últimos años, muchas más de doscientas noches en camas ajenas, viajando por cuatro continentes. Pese a todos los viajes, no ha sido un año fácil. De la situación de la prensa para qué vamos a hablar. Pero el ánimo está muy alto, va a empezar el 2013 con un nuevo proyecto que me ilusiona como no lo ha hecho nada en mi carrera, una carrera que empieza a tener cierto peso en mi ciclo vital, quince años dedicado a contar el mundo marcan. Y no sólo eso, tienen que servir para algo. Así que aquí os dejo mi año en fotos.

Uganda. Campos de té de Fort Portal

Uganda. Campos de té en Fort Portal.

Torre de Hércules

La Coruña. Torre de Hércules.

Aurora boreal en Finlandia

Aurora boreal en Finlandia.

Fiestas de San Patricio en Dublín

Fiestas de San Patricio en Dublín.

Circumpolar en La Palma

Circumpolar en La Palma.

Monasterio budista en Koh Chang

Monasterio budista en Koh Chang.

Gargantas del M'Goun en Marruecos

Marruecos. Gargantas del río M’Goun.

Estambul

Estambul. Puestos en Eminönü.

Oviedo en silla de ruedas

Oviedo en silla de ruedas.

Lourdes

Una visita a Lourdes.

Faro en Bretaña

Faro de Saint-Mathieu en Bretaña.

Camino de Nidaros

Noruega. Camino de Nidaros.

Camin Reiau

Camin Reiau por el Valle de Arán.

Monjas en Florencia

Calle de Florencia.

Torre de Pisa

Torre de Pisa.

Honduras. Iglesia de La Esperanza

Honduras. Iglesia de la Esperanza.

Guatemala. Lago Atitlán

Guatemala. Lago Atitlán.

Río Indio en San Juan del Norte. Nicaragua

Nicaragua. Río Indio en San Juan del Norte.

Pingüinos en isla Magdalena

Chile. Pingüinos en isla Magdalena.

Cuernos del Paine

Chile. Parque Nacional Torres del Paine.

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Cada vez que hablamos de la comida en los aviones suele ser para quejarnos de que es mala o de que hay que pagarla. Hace algunos meses volé a Kenia con Turkish Airlines y me sorprendió la calidad de su servicio a bordo. Cierto es que volaba en clase Business y allí todo se ve de otra manera. Pero incluso en esa clase, la calidad estaba bastante por encima de la media de otras compañías. Así que cuando hace unas pocas semanas recibí la invitación, por parte de la propia compañía, para ir un día a Estambul a conocer los entresijos de su empresa de catering, sólo puse una condición: que me quedaría algunos días más en una ciudad fascinante. De los baños turcos y de mis largos soliloquios con Estambul, ya os hablaré otro día. Únicamente adelanto que iba ligero de equipaje, con una pequeña cámara y el libro Estambul de Orhan Pamuk bajo el brazo.


La empresa que gestiona el catering de Turkish Airlines es Do&Co. Elaboran hasta 120.000 menús al día para las distintas clases de los vuelos operados por la compañía. Lo primero que sorprende es que en la fábrica hay muchas personas y poco robot. Lo lógico sería pensar que para preparar semejante cantidad de comida hay un ejército de infatigables máquinas para cortar verduras, pasar pechugas por la plancha o ponerle la guinda al postre. Pero no, son unas 2.000 personas las que desempeñan esas tareas entre mucho orden y una limpieza exquisita.

El centro también sirve como lugar de entrenamiento para el personal que servirá las comidas. Han recreado el espacio de un par de sus aviones para controlar todo: el tiempo que tardan en servir, el orden o el trato al pasajero. Es sorprendente comprobar cómo funciona toda la cadena establecida, que hace que del corte de las primeras verduras para la ensalada hasta que el pasajero clava su tenedor en la lechuga, pasen tan solo unas pocas horas. ¡Ah! Y las tortillas del desayuno hechas una a una…
Y vosotros, ¿cuál es la aerolínea en la que mejor habéis comido? ¿Y peor?

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El 2011 ha sido un buen año en lo que a viajes se refiere. Han sido más de 250 noches durmiendo en camas extrañas, pero a cambio de vivir experiencias que quedarán para toda la vida. Algunas de ellas os las he contado por aquí. Otras todavía no, pero espero hacerlo durante este año que acaba de empezar, muchas veces hay que dar prioridad al medio que te envía para que publiquen el tema primero. Creo que también ha sido un año interesante para el blog que hace vislumbrar un futuro prometedor. El 2012 puede ser el año de las bitácoras de viajes con algo que contar. No me extenderé mucho sobre ello porque José Ramón de Viajes, Rock y Fotos trató el tema estupendamente hace unos días.

Estas son las cosas más interesantes que me ha regalado el año que acabamos de dejar atrás:

Estoy enamorado de los trenes suizos desde los tiempos del Interrail. Uno de ellos me llevó de paseo hasta el Matterhorn, una de las montañas más bellas del mundo.

Tuve un inesperado encuentro con los jabalíes en Ares, provincia de Alicante.

Caminé sobre el glaciar Perito Moreno y, hablando de montañas bellas, vi una amanecer en el que las nubes casi me dejaron ver, casi por completo, el Fitz Roy.

Me perdí, como buen street photographer, por las calles de Buenos Aires, una de mis ciudades imprescindibles en el mundo.

Pude pasear entre volcanes por la región francesa de Auvernia.


Volví a mi querida Avilés para ver el Niemeyer. A finales de año llegó la decepción y el centro pasó a engrosar la colección de lugares construidos en época de bonanza y que tanto cuesta llenar en tiempos de crisis.


Pasé la noche en vela bajo las estrellas y nuestra galaxia en las Cañadas del Teide.


Dejé que la gente del Barceló Los Cabos (México) me cuidara. Porque yo lo valgo. Disfruté con los tratamientos en el spa, comiendo y bebiendo. También visité la Riviera Maya para volver a darme un baño en Tulum.


Jerusalén. Vuelvo en cuanto pueda. Otra de las ciudades de mi lista de imprescindibles.


Me dejé seducir por la belleza del sol de medianoche en Laponia sueca.


Hacía años que no viajaba a Praga, la literaria, la de los cafés, y desde ahora la de mis primeras fotos con el iPhone. También me ha dejado buenos momentos.


Me encantó la visita al Canal de Panamá, al barrio Casco Viejo de la ciudad donde me encontré con la Marylin panameña. También fue muy interesante la visita a las Tierras Altas en Chiriquí.


El viaje por Honduras fue una continua sorpresa: Copán, la herencia bananera, Roatán, la laguna de Yojoa…


Como os contaba en el blog, siempre hay buenos motivos para volver a Flandes.


Estuve trabajando en Bruselas sobre el tema de Tintín. Las fotos estuvieron expuestas en la librería Altaïr. Un texto sobre Bruselas publicado en la revista Traveler, con fotos de Félix Lorenzo, ganó el segundo premio en la categoría de Mejor Artículo del concurso que convoca Turismo de Flandes.


He recorrido de nuevo la mayoría de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad en España. Como siempre, en Santiago de Compostela me encontré con el viejo Zapatones, memoria viva de la plaza.


Estuve trabajando en Valencia para un nuevo libro que saldrá publicado en primavera.


Me fui de safari a Kenia, donde me encontré con el verdadero ñu de Osborne. También visité la isla de Lamu durante el Festival Cultural, con curiosidades como la carrera de burros. Estuve visitando los centros de las ONG Anidan y Mama Tunza, fueron los momentos con más carga emocional del año. En breve os hablaré de ambos proyectos.


La versión española del safari me llevó hasta la provincia de Jaén para recorrer Cazorla con algunos de los mejores bloggers de viajes españoles.


Volví a Fez. Para perderme una vez más por las callejuelas de la medina.


Escribo todo esto estando de viaje por Uganda y Ruanda. Ha habido momentos preciosos, como el atardecer sobre el Nilo Blanco o el trekking para ver chimpancés. Y aún queda el día de hoy, 2 de enero, en el que pasaré una hora con los gorilas de montaña en el Parque Nacional de los Volcanes.

Creo que ha sido un año interesante. Si te sientes tentado y te apetece acompañarme, puedes apuntarte a alguno de los dos cursos de fotografía que organizamos para este 2012: Nepal y Marruecos.

Feliz Año Nuevo a todos y grandes viajes para el 2012.

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