
Mientras me preparaba para iniciar la cuarta etapa, me vino a la cabeza una curiosidad, la sensación de que siempre que el camino se bifurcaba, la dirección buena era la que hacía subida. Durante el día pude confirmarlo en varias ocasiones.
Al poco de abandonar Tineo llegué a la casa del Pana, El último de Filipinas como así se autodenomina. No estaba en casa, pero los carteles en los alrededores hicieron que me formara una idea aproximada del personaje. Los mensajes eran del tipo “Qué verde es mi valle”, “Enamorarse es una inutilidad” o “Todas las cartas de amor son ridículas, pero es ridículo quien no ha escrito nunca una carta de amor”.




Tras pasar por un camino empedrado, un precioso bosque alfombrado de hoja seca nos lleva hasta un desvío en que se puede optar por seguir el Camino Primitivo o hacer un pequeño desvío de 500 metros hasta el monasterio de Santa María de Obona. Hay que optar sí o sí por el desvío. Y no lo digo yo, ya lo dijo Alfonso IX en 1222: “Concedo y doy al monasterio de Santa Maria de Obona, que está en el camino que va de San Salvador a San Jacobo, que vaya por mi pueblo de Tineo y por el antedicho monasterio de Obona, y que nadie desvíe a los peregrinos de este camino y que nadie ose desobedecerme de cuanto digo”. Si en la segunda etapa nos encontramos con que la colegiata en Cornellana necesitaba una restauración, lo que Obona necesita es un completo plan de rehabilitación y reconstrucción. Tras la primera impresión, un poco bucólica, que te llevas cuando ves el claustro comido por las hierbas, al momento te das cuenta de que una joya así debe lucir con todo su brillo. Esperemos que pueda recibir pronto la ayuda que merece. Hay una cuenta en Twitter que va informando de todo lo que acontece, es @salvemosObona
Para visitar el interior del monasterio, hay que acercarse hasta la localidad y pedir la llave en alguno de los dos bares que nos encontramos.





Hay gente que decide finalizar la etapa en Borres, pero por mi falta de tiempo decidí continuar hasta Pola de Allande. Eso sí, hice un alto en el camino para comer un bocadillo en uno de los bares-tienda que caracterizan a esta parte de Asturias. Son establecimientos bien curiosos, donde puedes tomar desde un vino en la barra hasta comprar el detergente para hacer la colada. Espero que el Camino les dé la suficiente fuerza para que no desaparezcan.
Al continuar hasta Pola de Allande, el trazado de la etapa se convertía en lo que comúnmente conocemos como rompepiernas. Pero la belleza de esos bosques hacía que sólo tuviera esa sensación, de castigo a las piernas, cuando caminaba por alguno de los pocos tramos de asfalto que tiene la ruta. Eso sí, para que no tengáis sorpresas, cuando crees que has llegado al punto de más altitud, resulta que estás en el alto de Porciles, que luego vuelve a bajar para cruzar el río homónimo y vuelta a ascender de manera muy pronunciada hasta el alto de Lavadeira, ahora sí altitud máxima del día. Luego llegó la bajada hasta Pola de Allande, donde mi cabeza y mis pies iban sólo pensando en una cosa: el pote que me iba a comer (tres platos fueron) en la Nueva Allandesa.



Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.

ME RECUERDA A MI TIERRA EN ARGENTINA!!!
Hermosas fotos, realmente un paseo muy bello; supongo que del camino primitivo te referís al camino francés a Santiago de Compostela… Felicitaciones!
Hola Ariel, no es lo mismo el Camino Primitivo que el Francés, igual que tampoco lo es el Camino del Norte, el de San Jaime o la Vía de la Plata. Todos ellos acaban en Santiago de Compostela, pero son variaciones, diferentes rutas para llegar hasta allí. El original, el primero que hubo para llegar a Santiago, es el Camino Primitivo, de ahí su nombre, que parte desde la Catedral de Oviedo, y cruza Asturias y Galicia para llegar a Santiago.